Caminando por el barrio

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Los tres años en los que Elizabeth Barreto residió en Puerta de Tierra (puerta que se encontraba a la entrada de la Plaza Colón) le permitieron descubrir una vecindad con edificios abandonados, pero retomados por artistas del grafiti a quienes ella se sumó. (Primera Hora / Andre Kang)

Arte que rescata historia y cultura

viernes, 2 de julio de 2010

Por: Libni Sanjurjo Meléndez / Primera Hora


“La nena que pinta...”.


A Elizabeth Barreto le bastaron dos meses para transformar un abandonado espacio público en una pieza de arte que honra la memoria histórica y cultural del barrio Puerta de Tierra en San Juan.

Dos o tres días a la semana solía llegar a la calle San Agustín, como a las 10:00 de la mañana, con pintura acrílica, aerosol y pasquines para ir creando el mural Puerta de Tierra sueña en grande, lo que vio como instrumento que rescataría la historia de esta comunidad sanjuanera. Abandonaba la tarea poco antes de que se ocultara el sol.

En una pared de 18 pies de alto por 65 de largo, la estudiante recién graduada de un bachillerato en pintura de la Escuela de Artes Plásticas en el Viejo San Juan desbordó su creatividad, la que -en ocasiones- requería el uso de un andamio y escalera, lo que, admite, era peligroso, pero “cuando uno está arriba, se envuelve pintando y se olvidan esos nervios”.

Aunque no es oriunda de esa comunidad, sino de Bayamón, los tres años en los que allí residió le permitieron descubrir una vecindad con edificios abandonados, pero retomados por artistas del grafiti con creaciones impresionantes.

“Vi cómo se convirtió en este lienzo gigantesco”, dice.

Así fue como unió arte e historia y se convirtió en “la nena que pinta”.
 

 

Vídeo. Puerta de Tierra Sueña en Grande


Entre las imágenes se encuentra la figura de San Agustín, el patrono de la comunidad, quien sujeta un enorme racimo de plátanos, comparte.

De su cuello cuelga un collar blin blin dorado con sus iniciales, logrando así un contraste entre su realidad histórica y contemporánea.

También presenta la fachada de una casa tipo rancho, el antiguo modelo de vivienda que se desarrolló en la comunidad aledaña a la capital que desde principios del siglo XX enfrentaba la posibilidad de desaparecer. El barrio, entonces, estaba caracterizado por el hacinamiento poblacional, las epidemias y enfermedades, y constantemente arribaban trabajadores en busca de oportunidades de empleo.

Además, el mural, ubicado en el antiguo edificio de la Ford, frente al residencial que lleva el mismo nombre, muestra en el área del balcón a unos niños disfrazados con cabezas de palomas, con la intención de emprender el vuelo.

“Quería un mural que incitara a la reflexión de la historia, o cómo se fundó la comunidad... Es una historia fuerte, que desde principios del siglo XX se veía a la comunidad como estorbo, un barrio popular que debía ser reorganizado o desaparecido del mapa por el punto de localización: la entrada hacia el Viejo San Juan”, pero logró formularse como comunidad, destaca la artista con influencia del grafiti.

En cuanto al desarrollo cultural, la joven de 23 años destaca las aportaciones de personalidades con historia en el barrio, como Rafi Levitt, Noro Morales y Vico C, Juan Antonio Rosado, Rafael Tufiño, Lorenzo Homar y otros.

Según la artista, los espacios públicos le han permitido relacionarse con la comunidad más allá de una sala de arte.

“Siento que mi trabajo puede funcionar como herramienta educativa dentro de las comunidades”, manifiesta quien cursó sus primeros años de estudios en la Academia Santo Tomás de Aquino y quien recibió una beca para Circa 2011.

“Una mayoría o gran parte de la sociedad puertorriqueña -añade- no tiene conocimiento de su propia historia y de las artes en Puerto Rico entonces, creo que mi propuesta tiene que ver con educar y valorizar lo que son las artes”.

Fue en el 2006 cuando comenzó a dejar su marca en lugares de Santurce, Cayey, Vega Baja y Carolina, con creaciones espontáneas e improvisadas que formaron parte del proceso que llama “experimentación” del estudiante de arte.

Al final de su esfuerzo, que formó parte de su grado de bachillerato, la chica se llevó el agradecimiento de los residentes -mayormente de la tercera edad, humildes y respetuosos- y expresiones
de cómo se sentían: homenajeados.