Petrona Rodríguez Marcano
Por Bibiana Hernández Suárez

 

Petrona Rodríguez Marcano, conocida como “Petra”, nació en julio de 1939 en Toa Alta, pero se considera a sí misma totalmente de Puerta de Tierra porque lleva viviendo en nuestro barrio desde hace unos sesenta años. Actualmente es vecina del Residencial San Agustín. Fueron sus padres los toalteños Carmelo Rodríguez, obrero y músico, y Graciliana Marcano, ama de casa. Es la mayor de cinco hermanos, tres hembras y dos varones. Todos quedaron huérfanos de madre muy pequeños y fueron criados por su abuela materna. Petra contrajo nupcias en 1959 con el obrero Luis Román González y vinieron a vivir al Residencial Puerta de Tierra. Posteriormente ambos comenzaron a trabajar juntos como conserjes. Su esposo permaneció trabajando en el Colegio San Agustín, mientras que Petra fue conserje tanto en el Colegio como en el Asilo de Ancianos, en Vivienda Municipal, y en el Senado. El matrimonio Román Rodríguez procreó cinco varones y una hembra, de los cuales les nacieron nueve nietos.

Cuando se le pregunta qué es lo más que recuerda del Puerta de Tierra del ayer, Petra nos indica: “Siempre me ha gustado mi barrio. Ahora hay mucho abandono, pero comoquiera lo amo, mis hijos y nietos nacieron aquí. Había limpieza, orden, buenos vecinos, y todavía los hay. Siempre había alegría en todas partes. Recuerdo las Fiestas de Cruz de Suncha. Y había congueros que se ponían a tocar en la Coal en cualquier momento.” 

Pero lo más que conmueve a Petra es el recuerdo de su hija y de uno de sus hijos. “Perdí a mi hija por enfermedad hace diez años, y a mi hijo hace tres años. Los tres vivíamos aparte en el residencial Puerta de Tierra. Después de perder a mi hija, todos mis hijos se siguieron ocupando de mí como ella lo hacía también, pero él que se me murió vivía a mi lado. Cuando nos mandaron a vivir a Lloréns para tumbar el caserío y hacer otro, nos prometieron que íbamos a regresar. Mi hijo y yo nos fuimos y estuvimos unos años esperando para volver. Los vecinos de aquí no querían que yo me fuera, me querían mucho. Ya viviendo en Lloréns, en un tercer piso, un día mi hijo fue a llamar a un vecino que era el que nos llevaba a hacer compra, se empinó por el balcón y se cayó. Vivió unos meses pero luego murió. Quizás si yo no me hubiera ido del barrio, mi hijo estuviera vivo”, nos dice Petra con mucho sentimiento.