Antonia ”Toñita” Soto Rivera

Por Bibiana Hernández Suárez

Esta jayuyana ha sido parte del barrio de Puerta de Tierra por casi 70 años. Nunca conoció a su padre, y su mamá la entregó con sólo tres meses de edad a una familia muy humilde de los altos del pueblo que ya tenía muchos hijos propios, pero todos acogieron a Toñita con inmenso amor y le brindaron un hogar lleno de valores y calor humano.

Posteriormente Toñita conoció a su madre biológica y le profesaba el debido respeto porque desde pequeña aprendió de su familia adoptiva a nunca guardar rencor alguno a sus padres originales. Toñita estudió en su pueblo y luego la familia se mudó al Viejo San Juan. Su mamá la colocó como aprendiz en una tienda que se llamaba El Corte Inglés para que aprendiera a coser, pero exigió que no se le pagara nada para que también aprendiera a amar el trabajo y el esfuerzo. “Como se criaba antes a los hijos”, nos indica. 

Mientras tanto, Toñita estudiaba de noche en la escuela Baldorioty, y allí conoció
al joven estudiante Marcial Torres, quien trabajaba como mozo de restaurante y luego sería su esposo. Cuando ambos se casaron vinieron a vivir al residencial Puerta de Tierra. Él trabajaba en los muelles y ella ensamblaba ropa, sobre todo pantalones de policía, para un sastre que le pagaba $2.25 por pieza. Un buen día don Marcial acertó unos números en la lotería, y él y Toñita compraron un departamento en el Falansterio y establecieron un negocio conocido en el barrio como el Bazar Toñita, ubicado en la calle San Agustín 354 y en el cual ella cosía y vendía. Las clientas podían encontrar ropa, telas y accesorios de costura, trajes de niña enganchados por lo alto de la pared y cubiertos con plástico transparente, billetes de lotería dentro de los mostradores, y las listas con los números premiados colgadas detrás de las puertas. Cuando Toñita queda viuda, se muda con su hijo a una urbanización en San Juan, pero sigue atendiendo su tienda en el barrio. 

El bazar perduró por muchos años hasta que lamentablemente un fuego lo consumió, aunque afortunadamente Toñita no se encontraba en el establecimiento cuando sucedió el siniestro. Desde entonces Toñita sigue vendiendo sus billetes frente a donde estaba ubicado su bazar, conduce su propio carro cada día y aún conserva su vieja máquina de coser. Sus ojos verdes oscuros miran con nostalgia, pero también con alegría, hacia la calle San Agustín y Matías Ledesma, porque han visto que todas las generaciones idas, actuales y por venir la saludan al pasar y la respetan, ya que Toñita, aunque no nació en Puerta de Tierra, dice que es su barrio porque en él ha vivido la mayor parte de su vida y tuvo a su único hijo, el profesor y traductor Marcial “Junior” Torres Soto. Habían otras costureras en el barrio, como Margot, las de la tienda La Milagrosa, Emma, doña Guille, etc. Pero Toñita perdura como símbolo de Puerta de
Tierra y sus recuerdos.