El espanto de Eleanor Roosevelt |
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Luis Muñoz Marín había sostenido importantes
contactos en Washington durante la década de los treinta. Había clamado
por atención inmediata a
ciudades de Puerto Rico. Ya un estudio hecho por J. C. Bills en 1914,
Housing Conditions of Laborers in Puerto Rico, documenta gráficamente las
condiciones de hacinamiento e insalubridad de los vecindarios obreros en
la isla. El trabajo de Bills, que se centró en San Juan y Ponce, revela la
miseria de amplios sectores urbanos en ambas ciudades. La señora Roosevelt y su comitiva arribaron a la isla en marzo. En su primera visita, Eleanor Roosevelt quedó profundamente impresionada por la pobreza del país. En esa ocasión visitó personalmente los arrabales sanjuaneros en Puerta de Tierra. Gran aliada de las reformas sociales que promovió su esposo, regresó a Puerto Rico en varias ocasiones. Ruby Black, periodista afín con la administración Roosevelt describe la primera visita de la esposa del presidente al país: Para gran desazón de la colonia americana en San Juan, que quería hacer de Puerto Rico el lugar de recreo del hombre acaudalado, la señora de Roosevelt condujo los reporteros y los fotógrafos, por desvencijados pasadizos sobre un pantano, a pequeñas casas levantadas con los despojos del huracán de 1932; los condujo por fangosos callejones, a la vista de los bellos palacios del Gobernador y el Comandante del 65 de Infantería, |
y
tropezando con cerdos y gallos de pelea, a las chozas de seis por nueve
pies en las que albergaban los pobres y los desamparados, y morían de
tuberculosis y desnutrición; los llevó a la montaña, a ver muchachitos que
a la hora del almuerzo bordaban exquisitas iniciales en finos pañuelos de
hilo, que se vendían en un dólar en Nueva York, y por los cuales se les
pagaba a ellas menos de 25 centavos la docena. Vio una mujer remontando
penosamente una jalda con una lata de las de cinco galones de gasolina
llena de agua al hombro, y luego la encontró fregando el piso de su
pequeño bohío con el agua que tanto trabajo le costara acarrear. Le
sorprendió el aseo de las gentes, dadas las enormes dificultades que
sufrían para mantenerlo. Encontró una confianza propia y una dignidad —un
sentido del respeto y del valor del individuo— aún entre los más azotados
por la pobreza en Puerto Rico... Encontró que el desempleo era abrumador,
demasiada gente en una isla tan pequeña, y que en el ausentismo se llevaba
la riqueza de la isla al continente americano, a España, a Canadá (Ruby
Black, citado en Mathews, 1975: 155). Puerto Rico Urbano/ Aníbal Sepúlveda Rivera |
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