Cuentos y Anécdotas

Inicio-Home

El espanto de Eleanor Roosevelt
 

Luis Muñoz Marín había sostenido importantes contactos en Washington durante la década de los treinta. Había clamado por atención inmediata a ciudades de Puerto Rico. Ya un estudio hecho por J. C. Bills en 1914, Housing Conditions of Laborers in Puerto Rico, documenta gráficamente las condiciones de hacinamiento e insalubridad de los vecindarios obreros en la isla. El trabajo de Bills, que se centró en San Juan y Ponce, revela la miseria de amplios sectores urbanos en ambas ciudades.

Dos décadas más tarde, las condiciones, lejos de mejorar, habían empeorado considerablemente. Iniciados los programas del Nuevo Trato, Luis Muñoz Marín, que conocía los intereses y las influencias de la esposa del presidente Roosevelt, le envió en diciembre de 1933 una carta en la que deja ver su visión de futuro para la isla. Hay en Puerto Rico una generación que adviene al poder en todos los partidos políticos... que ha sido educada en los Estados Unidos... Quiere luchar contra el hambre, no mediante el mantengo sino con justicia social, operando en una economía que debe ser autónoma y debe planificarse hasta donde sea posible. Quiere romper el cerco el monopolio de la tierra y restituirla a la gente que la trabaja... Quiere fomentar el desarrollo industrial para ayudar a sostener nuestra relativamente enorme población. Quiere infundir dignidad y propósito a la acción política (colección Ruby Black, citado en Mathews, 1975: 155).

Por su parte, el gobernador Winship escribe al presidente en febrero de 1934 y le sugiere confidencialmente que la primera dama visite Puerto Rico.

 La señora Roosevelt y su comitiva arribaron a la isla en marzo. En su primera visita, Eleanor Roosevelt quedó profundamente impresionada por la pobreza del país. En esa ocasión visitó personalmente los arrabales sanjuaneros en Puerta de Tierra. Gran aliada de las reformas sociales que promovió su esposo, regresó a Puerto Rico en varias ocasiones.

Ruby Black, periodista afín con la administración Roosevelt describe la primera visita de la esposa del presidente al país: Para gran desazón de la colonia americana en San Juan, que quería hacer de Puerto Rico el lugar de recreo del hombre acaudalado, la señora de Roosevelt condujo los reporteros y los fotógrafos, por desvencijados pasadizos sobre un pantano, a pequeñas casas levantadas con los despojos del huracán de 1932;  los condujo por fangosos callejones, a la vista de los bellos palacios del Gobernador y el Comandante del 65 de Infantería, y tropezando con cerdos y gallos de pelea, a las chozas de seis por nueve pies en las que albergaban los pobres y los desamparados, y morían de tuberculosis y desnutrición; los llevó a la montaña, a ver 


Arrabal al sur de la antigua vía del tren, donde en la actualidad está ubicado El Falansterio.

muchachitos que a la hora del almuerzo bordaban exquisitas iniciales en finos pañuelos de hilo, que se vendían en un dólar en Nueva York, y por los cuales se les pagaba a ellas menos de 25 centavos la docena. 
Vio una mujer remontando penosamente una jalda con una lata de las de cinco galones de gasolina llena de agua al hombro, y luego la encontró fregando el piso de su pequeño bohío con el agua que tanto trabajo le costara acarrear. Le sorprendió el aseo de las gentes, dadas las enormes dificultades que sufrían para mantenerlo. Encontró una confianza propia y una dignidad —un sentido del respeto y del valor del individuo— aún entre los más azotados por la pobreza en Puerto Rico... Encontró que el desempleo era abrumador, demasiada gente en una isla tan pequeña, y que en el ausentismo se llevaba la riqueza de la isla al continente americano, a España, a Canadá (Ruby Black, citado en Mathews, 1975: 155).
Junto con Eleanor Roosevelt llegó también Rexford Guy Tugwell, futuro gobernador de la isla, quien siguió a la señora Roosevelt por los arrabales de La Perla y el Fanguito.

Las urbanizaciones novotratistas construidas en el estilo art deco en Hato Rey y Ponce intentaron remediar la apremiante falta de vivienda. La de Hato Rey lleva el nombre de Eleanor Roosevelt y la de Ponce Morel Campos.

Sin duda el espanto de la señora Roosevelt ante las condiciones de pobreza influyó en las posturas y las políticas públicas posteriores.

Puerto Rico Urbano/ Aníbal Sepúlveda Rivera