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Biografías |
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Carlos Frías
Por Bibiana Hernández Suárez |
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Antes de que en Puerto Rico existieran las farmacias como hoy las conocemos, bajo estrictos controles federales y leyes de ética, antes de la profesionalización universitaria de la farmacia (consolidada entre 1902 y 1912), y antes de que se instituyera la reforma sanitaria en esa misma década y que el título de farmacéutico fuera formalizado, Carlos Frías ya estaba registrado y ejercía como boticario o practicante de farmacia, que era el término común que se usaba entonces.
Los boticarios tradicionales fueron la clase profesional intermedia que sostuvo la salud urbana en barrios como Puerta de Tierra, donde existieron muchas boticas debido a la densidad poblacional, la presencia del ejército, los numerosos habitantes obreros y el personal hospitalario. Eran formados por aprendizaje de conocimientos y práctica supervisada dentro de un ambiente laboral real. Preparaban fórmulas, tónicos, ungüentos, y jarabes, y proveían medicamentos a médicos, hospitales, puestos de socorro y hogares.
El venezolano Carlos Frías fue de esos profesionales tan esenciales que existieron en la vida del San Juan extramuros. Llegó a Puerto Rico con su hermano Manuel y se estableció en nuestro barrio, que se encontraba hundido en la miseria física y moral de aquella época, entre 1895 y 1925. Abrió la Botica Frías o Farmacia Frías, y a los enfermos de pocos o ningún recurso no les cobraba. No se enriqueció económicamente pero
sí recibió la bendición y el agradecimiento de toda la comunidad. Fue tal el arraigo que ganó en Puerta de Tierra que un grupo de vecinos marchó hasta el Ayuntamiento para que fuera cambiado el nombre de la Calle San Andrés
(actual Calle Isidro Infante) por el suyo, a lo cual el boticario se opuso firmemente. A la calle se le colocó el rótulo de Carlos Frías, por cuyo nombre se conoció desde el día 22 de diciembre de 1926, en que la Asamblea Municipal de San Juan aprobó la resolución número 224 para el cambio de nombre.
Carlos estuvo activo durante el período de transición del régimen español al estadounidense, cuando la botica cumplía su rol central en la comunidad mientras pasaba por la etapa clave de la evolución del sistema de salud pública en Puerto Rico. La botica estaba ubicada en el eje urbano de Puerta de Tierra, cerca de zonas residenciales y de tránsito hacia San Juan intramuros y hacia Santurce. En ella Carlos era el primero a quien las familias pobres y los obreros consultaban. Despachaba recetas, y vendía medicamentos que preparaba él mismo o traía del exterior. Cuando surgían epidemias de viruela, influenza, tuberculosis o tifoidea, los boticarios del barrio colaboraban indirectamente con los doctores del municipio y les proveían antisépticos, quinina, febrífugos y desinfectantes. Carlos cumplió de igual manera que ellos con esta función clave en pro de los enfermos, y aunque la mayoría de los casos no eran registrados, su labor contribuyó al sostenimiento de la salud de los puertaterrenses.
No se asocia a Carlos con cargos públicos ni producción académica, sino con el rol histórico del boticario de barrio, indispensable en la vida ciudadana y parte del entramado humano que sostuvo el desarrollo social y sanitario de Puerta de Tierra durante las profundas transformaciones políticas, administrativas y médicas de esos años. Cuando cayó en su lecho de muerte, la despreocupada población de Puerta de Tierra se preocupó por su salud tanto como él se preocupó siempre por la de ellos. Su médico fue su hermano, quien no pudo llegar a descubrir la enfermedad que lo aquejaba.
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