Historia de Puerta de Tierra

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Un Villorrio indígena

Antes de la conquista de la Isla por los españoles, y en el sitio actualmente destinado a los cuarteles de la Guardia Nacional, en Puerta de Tierra, estuvo enclavada una aldehuela indígena, o lo que es más probable, una estación de pesca.

En el año 1937 un arqueólogo de la Universidad de Yale,  Mr. Irving Rouse, practicó un reconocimiento del conchero, pudiendo comprobar el hecho de su indiscutible ocupación por nuestros aborígenes. El depósito de restos de barro cocido y de otros utensilios de piedra y de concha de caracol se extiende hasta el borde mismo del barranco que separa la orilla del mar de la planicie en donde están construidos los edificios de la Guardia Nacional.

La construcción del edificio y la avenida Muñoz Rivera perjudicó seriamente el lugar arqueológico.
(Medina, 1999). Es un sitio multicomponente, conteniendo materiales Saladoides (estilo Cuevas) y Ostionoides. En 1998, durante un proyecto de paisajismo el sitio fue impactado nuevamente. La arqueologa Marisol Rodríguez Miranda realizó excavaciones de salvamento en el área. Rodríguez estima que este yacimiento ocupa un área aproximada de 1,500 metros cuadrados. ( Estudio Arqueológico – Fase IA San Juan Waterfront Diciembre 2008)

Ha quedado así demostrado, con anterioridad a la prueba histórica de que ya hemos escrito, que en la Isleta había agua, cuando menos en el subsuelo, porque no de otro modo hubiera podido ser habitada por los indígenas; que las aseveraciones a este respecto por los caparrenses que deseaban mudar la villa, eran ciertas.
(Adolfo de Hostos)

Queman a tres brujas

Según la crónica del canónigo don Diego de Torres Vargas Zapata, el Obispo e Inquisidor Don Nicolás Ramos fue riguroso y severo en extremo . En 1594 envió una carta al Rey Felipe II, informando del proceso en que intervino contra un grupo de negros brujos y renegados que celebraban cultos paganos cerca de San Juan. Ordenó azotar y luego desterrar a varios y obligó a otros a retractarse y renegar de su religión. A tres negras que reincidieron después de haber abjurado, las envió a ser quemadas vivas en la hoguera, en el quemador de la Santa Inquisición ubicado en los mangles al sur y cercano a una charca , al este de la "Isla del Carbón ". Luego de este incidente al lugar se le conoció como"Charca de las Brujas".
(Coll y Toste, Boletín hist., III, págs. 48-49)

Las puertas de San Juan.

En 1634 se comenzó la construcción de un sistema masivo de murallas alrededor de la ciudad de San Juan. El lado sur de la ciudad fue el primero en amurallarse. La construcción de las murallas se extendió hasta mediados del siglo XVIII cuando se completó el lado norte de la ciudad. San Juan se convirtió en una ciudad completamente amurallada. 

La única manera de entrar a la ciudad era por cinco puertas que se construyeron a lo largo de las murallas. La Puerta de San Juan, la más cercana a la Fortaleza (1635), fue la entrada principal de la ciudad por el lado de la bahía durante muchos años. En esta puerta se llevaban a cabo las ceremonias oficiales de bienvenida a los nuevos gobernadores y obispos que por ella entraban a tomar posesión de los nuevos cargos.

En el recinto norte se encontraban las Puertas de San José y Santa Rosa, que conducía al cementerio, y en el recinto sur la Puerta de San Justo o España. Por el lado de tierra, solamente existía una vía de acceso que conectaba la ciudad de San Juan con el resto de la isla de Puerto Rico - la Puerta de Santiago, localizada en el lado sur del Castillo de San Cristóbal.
La Puerta de Santiago fue construida en 1635-1641 por  el Capt. Gen Iñigo De La Mota Sarmiento, quien dejó su propio escudo de armas esculpido a ambos lados del escudo real.   Tenía esculpida una imagen del santo. "Está el glorioso Santo", dice Torres Vargas, refiriéndose a ésta, "de busto sobre un caballo de buena escultura". Habíase colocado, además, sobre cada puerta, debajo de las armas reales, en las dos que construyó Mota y Sarmiento, una inscripción tomada del Salterio, libro del Antiguo Testamento que contiene las alabanzas de Dios y de Jesucristo. Leía la de Santiago, Nisi Dominus custodierit civitatem, frustra vigilat qui custodit (Si el señor no guarda la ciudad, en vano vela quien la custodia).

Pobladores negros de Puerta de Tierra.

En 1664 llegaron a Puerto Rico tres negras y un negro, huidos de la isla vecina de Santa Cruz. El gobernador Juan Pérez de Guzmán se opuso a su venta como esclavos para beneficio del Tesoro Real, opinando que "no parecía decoroso que el rey redujese a esclavitud las gentes que se acogían a su amparo".
Desde 1714 el gobernador Juan de Rivera había repartido parte del ejido de la isleta entre el Fuerte San Cristóbal y el puente de San Antonio a negros cimarrones procedentes de colonias británicas, holandesas y danesas que ya sumaban 80. Estos pobladores habían llegado desde el siglo XVII impulsados por cédulas reales de los años 1663 y 1680 en las que el rey de España decretó la libertad de los esclavos procedentes de las islas extranjeras. (Abbad y Lasierra, 1788). Con esto se fomentaba el aumento poblacional para incrementar la riqueza que generaba el país, incrementar la agricultura y de paso debilitar a las potencias enemigas de la Corona.

El gobernador dispuso que estos libertos formaran colonia aparte. A cada varón le fue concedido el uso y usufructo de dos cuerdas y se le proporcionaron materiales de construcción e implementos de labranza. Se les organizó militarmente y se les enseñó a manejar los cañones de la vecindad.
(Brau, 1974: 170, 171). Para 1772, según el mapa preparado por Thomas O'Daly, el camino que conducía a la ciudad desde su periferia, y el resto de la isla aparece bordeado en ambos lados por 41 bohíos. Adolfo de Hostos se refiere a este primer barrio extramuros en los términos siguientes:  "la miserable ranchería fue alineándose al borde del camino que conducía a la fuente de Aguilar desde la Puerta de Santiago, en un predio selvático en el que pastaba ganado suelto hasta fines del siglo XIX.   Esta "ranchería" se fue extendiendo hacia el recinto murado, llegando "a unas cuantas varas de la Puerta de Santiago, alienados en la orilla del sur del camino que conducía al puente de los Soldados. Andando el tiempo, fuéronse apiñando en el camino que conducía a la puerta de San Justo, por detrás del baluarte de San Francisco de Paula". Hacia mediados del siglo, el caserío llegaba hasta la segunda línea defensiva que atravesaba la Isleta, de norte a sur, justamente a la mitad de la distancia que separaba el revellín de Santiago de la primera línea, frente a la ensenada del Condado. (A. de Hostos) Debido a la poca fertilidad de los terrenos las autoridades accedieron a que los colonos negros se pasasen al otro lado del puente de San Antonio, poblándose así los terrenos hasta el caño de Martín Peña. (Paul G. Miller)

Para esa época se había colocado un solitario farol de aceite -primera señal nocturna de que el espíritu progresista de la ciudad hacía su aparición fuera de las centenarias murallas- y se había convertido en paseo la sección del camino real del puente, comprendida entre la tercera línea defensiva y la ciudad, habiéndose construido en él las tres plazoletas circulares, equidistantes, que lo adornaban. En la parte norte del camino quedaban todavía algunas de las hortalizas que durante largos lustros habían contribuido a suplir el mercado de San Juan. El Gobernador Don Juan Pérez de Guzmán aceptó todos los prófugos que vinieran de las islas Inglesas y Holandesas, y se les declaraba libres con tal de que aceptaran la fe Católica y juraran servir fielmente a la Corona. Llegaron más esclavos prófugos y se les dio terrenos hasta el Puente de Martín Peña. Eran trabajadores y muy leales a la bandera bajo la cual habían encontrado refugio. Se casaban entre sí y levantaban familia.

El nombre de Puerta de Tierra

 La puerta principal de acceso terrestre a la ciudad murada de San Juan era por la Puerta de Santiago, conocida como la Puerta de Tierra. Por eso el nombre del barrio  que se fue poblando de bohíos hasta que en 1771 ya llegaban a las cercanías de las imponentes baterías del Fuerte San Cristóbal. Salir de San Juan por el camino de tierra envolvía un complicado proceso.  La puerta de Santiago no abría a la campiña. Abría a un puente  levadizo sobre un foso, con potentes poleas y cadenas para levantarlo en un momento dado, que daba al revellín del Príncipe. Había pues, que cruzar el revellín y penetrar en una perforación  de sus muros para salir a otro puente que salva un segundo foso y de allí a una vereda hacia el fortín de San Antonio, en el Puente del Agua al extremo oriental de la Isleta.

Grandes sectores de estos terrenos de la isleta que componía el ejido original de la ciudad de San Juan estaban bajo la jurisdicción  de las autoridades militares, que los mantenían libres de estorbo por ser esenciales para el uso de las tropas. En el centro del sector estaba el polvorín del Escambrón y lo cruzaba la segunda línea de defensa compuesta por una serie de murallas de baja altura que cortaban al paso a las tropas que pudieran atacar desde Cangrejos. El "Gran Huracán" del 1780 barrió los endebles bohíos y solo quedaron en pie las fortificaciones y líneas de defensa. El territorio extramuros de Puerta de Tierra tenía una extensión de aproximadamente 260 cuerdas, antes de la desecación de los manglares en el Caño San Antonio. El resto eran terrenos pantanosos cubiertos por espesos bosques de mangle. 

Atacan los ingleses

El 18 de abril de 1797 una flota inglesa capitaneada por el almirante Sir Henry Harvey y el general Ralph Abercromby. Con más de sesenta barcos, llevando un total de 14.100 hombres, las velas cimeras de los cuales habían sido divisadas el día anterior, lanzaron anclas frente a la playa de Cangrejos, donde desembarcaron las tropas. Trescientos hombres bajo el Coronel Linares enfrentaron a los invasores sobre la playa cerca de Cangrejos, pero tuvieron que retirarse hacia el fuerte de San Antonio ante la superioridad numérica del enemigo. Entre tanto, cuando el Gobernador Castro rehusó una demanda de rendición, los barcos ingleses establecieron el bloqueo del puerto de San Juan. El puente de Martín Peña que impide el acceso al interior, y los fuertes de San Antonio y San Gerónimo defendiendo los accesos a la capital, fueron el escenario de fieras batallas. 

Durante el asedio de San Juan en 1797 el Gobernador Ramón de Castro reforzó sus ejércitos con un regimiento de nativos puertorriqueños negros, quienes lucharon en defensa de la ciudad. Una compañía de esclavos negros fue organizada además para ayudar en la defensa. La Compañía de Morenos organizada por O'Reilly también se cubrió de gloria durante el asedio. El Gobernador Castro envió al oficial Pedro de Córdoba para cargar contra fuerzas enemigas atrincheradas en Miraflores a la cabeza de "sesenta milicianos de las compañías de morenos".

La ciudad de San Juan estuvo bajo el fuego de las armas inglesas hasta el 30 de abril. El 2 de mayo de 1797 todos los barcos de la invasora flota inglesa levaron anclas, abandonando el bloqueo de San Juan, el cual resultó un completo fracaso. El comandante inglés, Sir Ralph Abercromby, en un intento de explicar este desastre, informó más tarde que los invasores habían encontrado al enemigo bien preparado, con una guarnición más fuerte que la esperada, protegidos por "sólida muralla y poderosas armas". 

Esta lucha fue diferente a los asaltos sufridas por la Isla en los años 1595, 1598 y 1625. Ésta fue de mayores proporciones. En la misma participó casi toda la Isla desde cuyo interior se enviaron auxilios y se colaboró, en una y otra forma, para derrotar al enemigo. En esta ocasión no fue la guarnición de San Juan, como en los pasados ataques, la que únicamente decidió la suerte de la colonia y de las armas españolas. Participaron los demás pueblos también.

Reforzadas las defensas del Escambrón

Levantado el sitio que puso Albercromby a la ciudad de San Juan el año 1797, se reedificó el fuerte del puente de San Antonio, dándole más espesor a sus muros, aumentándole una tronera y construyendo una batería de seis cañones frente al Rodeo (Miramar), y a la izquierda de la gola otra de cuatro piezas para defender el Condado; se emplazaron cinco cañones en la Batería de San Ramón que batían el mar entre el puente y San Jerónimo, donde en el año 1898 se construyó el cuartel defensivo de igual nombre, con cinco piezas de bronce retrocarga de 12 centímetros que se salvaron del navío Antonio López; al fuerte de San Jerónimo se le aumentaron dos troneras hacia el mar y dos contra el puente; se hizo otra batería de tres piezas entre San Jerónimo y el Escambrón y se construyó este baluarte, próximo al cual se ejecutaron obras para moderna artillería y quedaron emplazados tres obuses Ordóñez de 24 centímetros poco antes de cesar en esta isla el gobierno de S. M. C. Estos fuertes, baluartes y baterías estaban unidos por un camino cubierto con fosos inundados.

La Avenida Ponce de León

En 1810 se estableció la Junta de Hacendados y Comerciantes, uno de los organismos responsables de la organización del espacio urbano, mejor conocida como la Junta de Caminos. Un elemento importante en la organización del espacio fue la construcción de vías de comunicación las cuales permitieron asentamientos alineados en torno a las vías o carreteras. Uno de los casos más importantes fue la construcción del Camino Real hoy conocido como Avenida Ponce de León y el camino de Bayamón a Cataño. Estas vías permitieron un mayor flujo entre los pueblos aledaños. (Zorilla Lassus)

La primera obra de carácter civil realizada en Puerta de Tierra durante la primera mitad del siglo XIX fue el paseo de Puerta de Tierra (Covadonga). Fue diseñado en 1838, aparentemente por Manuel Sicardó. La falta de higiene dentro de la ciudad murada, el aumento de la población y las condiciones de hacinamiento, fomentaron la creación de nuevos elementos urbanos. Así, el paseo fue concebido como un área de recreo que contrastase con el austero diseño de la ciudad amurallada. Sin embargo, el plano pronto se convirtió en un eje que orientó el crecimiento urbano en Puerta de Tierra. En el año de su construcción un censo de la población enumeró a 168 personas que vivían en el sector: 156 personas libres y doce esclavos. El 61 por ciento era integrado por negros o mulatos. Sus ocupaciones estaban relacionadas con actividades urbanas de servicios, por lo que el área podía definirse ya en ese momento como una comunidad suburbana de trabajadores pobres. 

Comienza la marginación

La existencia de los barrios sanjuaneros se extiende desde los siglos XVI al XIX. Los alrededores de la ciudad, además de otras áreas, dentro de la ciudad misma, estaban destinados a albergar a una serie de personas que no conformaban el San Juan europeizante que para fines del siglo XIX, pretendía desarrollar la elite criolla. Un arquetipo tercermundista o altermundista de lo que era el negro, el mulato o el pobre (Rodríguez Colón de Gonzáles, 2008) habitaba estas áreas. Había una actitud negativa de parte de la población pudiente y españolizada, contra todo aquél que no alcanzara el estrato social que se exigía para habitar la urbe de aires modernistas. El deseo de la clase alta de que la antigua ciudad se convirtiera en una tan hermosa como las capitales europeas guió a su gobierno, entre otras muchas acciones, a segregar la población, de tal forma que se fue marginando a los menos afortunados, entre ellos a los libertos, a los márgenes de la ciudad. Una serie de barrios que se construyeron fuera de la ciudad, como Cangrejos, Puerta de Tierra y La Marina, así como una serie de barrios que ya se habían estado creando dentro de los muros, aparecieron como producto de este esfuerzo. (Vilma G. Pizarro)

El grado de discrimen se hacía más evidente, cuando observamos documentos de la época que insinuaban la relación entre género y pobreza como foco de infección. De esta manera, una de las posibles causas por las que se decide demoler una sección de la muralla que bordeaba la ciudad de San Juan, pudo haber sido porque los sectores de poder deseaban salir de los antes denominados “focos de infección” que afeaban la ciudad e iban en contra del modelo de modernidad que se propulsaba en la época. Los sectores subordinados, mayormente pobres de raza negra, eran las principales víctimas de las medidas modernizadoras que se propulsaban. Por ejemplo, el Cabildo proponía regular quién trabajaba dentro de las murallas. Esto, porque las calles sanjuaneras estaban siendo “ocupadas” por “seres humanos de dudosa reputación”. De ahí, el interés de que se construyera una nueva plaza de mercado fuera de las murallas; así como el leprocomio y el cementerio. Para ello, el Cabildo, bajo el dominio mayoritario de la elite comercial y agrícola, proponía que se removiera una parte de la muralla para la construcción de viviendas y comercios. Sin embargo, la reacción del sector militar no se hizo esperar ya que, precisamente, se había amurallado la ciudad para prevenir la entrada de ataques extranjeros; no obstante, la realidad era que ya habían pasado casi cien años desde el último ataque inglés de Abercromby. Esto y los acelerados avances de la tecnología militar minimizaron el valor defensivo de las fortificaciones.

El derribo de las murallas

El 3 de marzo de 1865 el gobierno municipal aprobó una resolución donde se disponía la expansión de San Juan por Puerta de Tierra hasta el puente de San Antonio. La resolución planteó la demolición de la porción oriental (el Frente de Tierra) de la muralla para poder seguir un desarrollo urbano continuo. Las razones aludidas fueron el aumento de la presión demográfica, el alto costo de los bienes raíces y los peligros a la salud que ya existían en la superpoblada ciudad.

El 18 de noviembre de 1867, menos de un mes después de la tormenta de San Narciso, un terrible terremoto demolió muchas casas en San Juan y en la isla. La inutilidad de las fortificaciones fue tal que la eliminación de la sección de Santiago probó su eficacia al servir como vía de escape de los cientos de vecinos que corrieron por salvar sus vidas. El Gobierno concedió exenciones de impuestos para aliviar el sufrimiento de las familias. Se organizaron entretenimientos públicos para levantar el espíritu de la ciudadanía. La población había huido fuera de la ciudad y acamparon en Puerta de Tierra.  Algunos decidieron quedarse a vivir allí. Ya para esas fechas el hacinamiento poblacional intramuros era manifiesto y se empezaba a urbanizar la Puntilla no solo para almacenes sino para casas. Si bien la conyuntura del terremoto abrió la oportunidad para aumentar la construcción, ésta, como en toda la isleta, debió ser negociada con los militares quienes tenían un control férreo sobre todos los terrenos, ya que constituían las líneas de defensa por tierra. La única construcción permitida eran los bohíos debido a su condición de construcción perecedera y de fácil desmontaje. 

 El 27 de abril de 1897 la reina María Cristina de España aprobó un plan para la expansión de San Juan, lo que hacía necesaria la demolición de ciertas muralla y fortificaciones. Esta aprobación fue acogida con tal entusiasmo entre todas las clases de la población que un gran número de jóvenes de la sociedad, hombres y mujeres, ofrecieron sus servicios voluntarios para trabajar sin paga en el proyecto de demolición. Las obras de demolición comenzaron en una atmósfera de fiesta el 28 de mayo de 1897, y parte de la prisión de San Juan fue la primera en ser derribada. El Gobernador, Gen. Sabas Marín Gonzalez y el alcalde de San Juan, Don José María Marxuach estuvieron presentes en el día declarado festivo. Este hecho, que desde el punto histórico resulta desafortunado, en su momento significó una celebrada victoria entre la ciudadanía sanjuanera. Ver fotos.

Una sensación de libertad se apoderó de los sanjuaneros. Irónicamente, la inscripción de la desaparecida Puerta de Santiago que comprobaba el temor e inseguridad que prevaleció en San Juan durante tanto tiempo, y que leía: Nisi Dominus custodierit civitatem, frustra vigilat qui custodit, ( "Si el señor no custodia la ciudad, en vano la vigila quien la guarda"), era ya para finales del siglo XIX sólo un vago recuerdo que atentaba contra las nuevas ideas de progreso.


Derribo de la Puerta de Santiago

La parcelación

La presión ciudadana luego del sismo llevó a retomar un proyecto de urbanización que había sido contemplado por el gobierno municipal desde 1865. En ese año se aprobó una resolución para urbanizar los terrenos de Puerta de Tierra. El desarrollo de San Juan dependía de la posibilidad de allegar mas terrenos para ampliar los puertos y el inventario de vivienda, instalaciones industriales, comerciales e institucionales más allá de La Puntilla. Una Orden Real de 1867 autorizó a Hacienda a alquilar o vender terrenos ubicados al sur de la Carretera Central.  El estado vulneró los derechos de la Municipalidad al apoderarse y vender sus terrenos por el intendente Galván, en 1870, por ignorancia de los Centros Oficiales. En junio de1872 se ralizó una subasta para la adjudicación en venta de solares pertenecientes al Estado, comprendidos en la segunda zona militar. La Intendencia, que se había anexado a la jurisdicción del ejido, hizo levantar un plano de urbanización y fijó los precios de los solares, vendiéndose algunos en subasta pública. La subasta de solares fue acaparada por comerciantes, supeditando toda posibilidad de intervención de los pobres a los designios del capital, excepto en los terrenos bajos del tremedal, como los del sur divididos posteriormente por la vía del tren, que por su calidad inferior no eran aptos para la construcción resistente. 

El Paseo de Covadonga

En 1879 se inició un movimiento cívico entre los vecinos del que iba siendo populoso suburbio, sin duda inspirado por la importancia que iba tomando por efecto de la proyectada construcción del tranvía de Ubarri, que uniría San Juan con Río Piedras; pidieron al Ayuntamiento que se declarara camino vecinal el lado izquierdo (sur) del paseo de Puerta de Tierra, la nivelación de las calles y plazas, la construcción de una iglesia (la cual fue erigida en 1886) y un hospital, habilitado en el año siguiente. Para el 1886, luego de estudiar varios proyectos de embellecimiento para el sector e incluso con el permiso de las autoridades militares, se cedieron algunos predios para usos civiles ya oficialmente, se hizo un paseo adoquinado con tres pequeños redondeles que se llamó el Paseo de Nstra. Señora de Covadonga. 

Comienzan  los muelles

A medida que La Puntilla en el Viejo San Juan fue saturándose, las propuestas para nuevos muelles se trasladaron hacia el este en las márgenes del Caño de San Antonio, en Puerta de Tierra. Ignacio Zamorano propuso en 1851 el primer muelle privado para descargar carbón en la boca del Caño de San Antonio. Se trata de un muelle en forma de T sobre pilotes con almacenes que terminaba en el Paseo de Puerta de Tierra. El Paseo comenzaba a albergar múltiples usos. En 1875 se concedió permiso a Don Antonio Portell para construir un varadero en la parte sur de la barriada al borde de la bahía, o sea donde luego se levantó el muelle de San Antonio de la San Juan Dock Co.  Muy cerca del paseo, Rafael Palacios, presidente de la Empresa Puertorriqueña de vapores de cabotaje, propuso en 1882 construir un muelle de hierro y madera para el uso exclusive de sus embarcaciones. No solo los empresarios privados elaboraron planes de muelles. La Junta de Obras del Puerto comenzó a preparar en 1894 bajo la dirección del ingeniero Melquíades Cueto el plan de mejoras al puerto más ambicioso hasta la fecha. El plan incluía el dragado y relleno de terrenos en Puerta de Tierra, construcción de tinglados y la instalación de grúas para el desembarco de artillería pesada. Se extendían al Caño de San Antonio los muelles y tinglados que harían de San Juan un puerto regional de primera importancia en el Caribe. Así Puerta de Tierra comenzó a adquirir un nuevo rol estratégico en la modernización de la ciudad.(AGM, 5622.0).


Este movimiento hacia extramuros tomó impulso cuando, en 1878, la Corona otorgó a Pablo Ubarri, el Conde de Santurce, autorización para establecer una línea de tranvías que comunicaría a San Juan con Río Piedras. Dichos tranvías comenzaron a circular el día 31 de julio de 1880, y con ellos tomó fuerza el movimiento poblacional hacia las áreas exteriores. Primero a caballo, luego de vapor y finalmente eléctricos, los 'trolleys" fueron instrumentos vitales para el crecimiento lineal de la Carretera Central.

El tranvía y el ferrocarril

A medida que Puerta de Tierra se poblaba y los terrenos escaseaban para la intensa gama de usos que requería el ensanche de San Juan, el antiguo sistema vial apenas podía soportar el tráfico. Primero el tranvía y luego el tren de circunvalación constituyeron un intento de envergadura para aliviar la insuficiencia vial. Ambos atravesaban a Puerta de Tierra. Estas nuevas infraestructuras cambiaron el panorama del barrio para siempre. Entre otras modificaciones, al este de la Isleta se añadieron nuevos puentes para el tranvía y el tren y se reedificó el antiguo puente de San Antonio.

A partir de 1878, el terrateniente y empresario vasco Pablo Ubarri, Conde de Santurce, comenzó a construir el tranvía de vapor que finalmente uniría a San Juan con el pueblo de Río Piedras, antesala de la capital. Para su realización se construyó un nuevo puente y en su destino final en La Marina se construyó una estación. Dicha ubicación determinó la apertura de una nueva puerta en los antiguos lienzos de la muralla del recinto sur. El tranvía aceleró la comunicación de personas y mercancías que continuamente cruzaban Puerta de Tierra. La vía de transporte acentuó el rol del barrio como uno de transición hacía Santurce, la presagiada ciudad moderna allende la isleta Un nuevo puente para el tranvía se diseñó por Tulio Larrinaga en 1881. El puente era una obra de ingeniería, pero más que ello, constituía un nuevo puente a la modernidad que vinculaba a Puerta de Tierra con el resto de la región urbanizada de la ciudad.

El ferrocarril de circunvalación le siguió al tranvía como la obra de transporte más importante que sellaría el perfil del barrio de Puerta de Tierra. Su alineación demarcó una clara frontera que separaría los terrenos del norte con las áreas de manglares que se irían desecando con el paso del tiempo. A partir de la década de 1880 comenzó la construcción y a comienzos de la década de 1890 se inauguró la línea que habría de circunvalar la isla en dirección este hasta llegar a Ponce. En Puerta de Tierra se destinaron los terrenos para la gran estación terminal de la ciudad diseñada por ingenieros franceses.

En 1893 la Compañía de Ferrocarriles propuso un gran edificio de dos niveles destinado a la administración de la empresa. Se trataba de un gran edificio de dos niveles de 42 metros de largo por 10 de ancho, con una altura de 10.5 metros. Su fachada principal daba al Paseo de que ya había sido renombrado como Paseo de Covadonga, patrona de los asturianos. El edificio, en madera con techos de zinc, destinado a las oficinas de la gran empresa ferroviaria, añadía una nueva tipología edificatoria al área
(AGM, 5619.20). En 1913 se inaugura la nueva estación del tren, ubicada al sur de la escuela José Julián Acosta, en la esquina del paseo de Covadonga y la calle General Harding. 

Parroquia San Agustín

En 1886 se erigió una pequeña iglesia de madera en el costado que da al Atlántico, para servir a los que habitaban en Puerta de Tierra. La capilla medía unos treinta pies por sesenta. Junto a ella estaría el sacerdote que vendría de la parroquia matriz, San Francisco, a atender a sus fieles. Luego de la petición de los habitantes del barrio, el rey autorizó al Sr. Obispo, Mons. Juan Antonio Puig y Monserrat, O. F. M. Cap. a erigir una nueva parroquia. Para el 1889 ya había unas 2,500 almas oficialmente contadas en dicho barrio. Su territorio cubriría desde la línea de la antigua  muralla, estribación del Castillo de San Cristóbal al terraplén de la estación del ferrocarril,  hasta el caño de San Antonio o los puentes Guillermo Esteves y Fernández Juncos; y a lo ancho, desde el litoral del Atlántico al norte, hasta el márgen de la bahía al sur.

Los muchos asturianos que había en San Juan habían traído una imagen de su patrona, la Santina, la Vírgen de Covadonga y con el permiso del Sr. Obispo la habían colocado en la capillita ya desde 1886. Todos los 8 de septiembre acostumbraban a visitar los asturianos dicha parroquia para rendirle honor a su patrona. Por eso se la escogió como segunda patrona de la nueva parroquia. Ya antes del 1888 el antiguo camino que llevaba a la Puerta de Santiago se le llamaba de San Agustín y por eso fue escogido el Obispo de Hipona, San Agustín, como protector de la nueva comunidad cristiana. Otra presencia importante para la comunidad cristiana del barrio fue la mudanza de las Hermanas de los Ancianos Desamparados para un solar cercano a la capillita de San Agustín. Esto ocurrió el 14 de febrero de 1893.

Corridas de toros

Desde el siglo 16 se acostumbraba a lidiar toros en las fiestas reales, recibimientos de obispos y otras ocasiones de público regocijo. Eran, sin embargo, aquellas corridas simples novilladas en las que participaban los aficionados de la ciudad. Sólo en el siglo 19 encontramos alguna que otra mención de que se practicara el arte taurino por toreros profesionales. En el 1893 y en el sitio denominado El Abanico en Peña Parada, frente al Paseo  de Puerta de Tierra, se construyó una modesta plaza de toros. Para inaugurarla trajéronse toros de Santiago de Cuba, cuidándose mientras tanto en los fosos del Castillo San Cristóbal. La afición a los toros no prosperó en Puerto Rico. Diluida la sangre española con la del taciturno indígena y del agobiado bozal dentro del apretado cerco de la colonia, cuyo ambiente moral hacía repugnar toda forma de violencia contra las personas y cuvo edénico ambiente físico quebraba las lanzas de la energía, necesariamente habían de inclinar al nativo hacia la benignidad y el amor a los placeres blandos. Por otro lado, como insinúa un comentarista del siglo 18 al describir una corrida en la plaza Mayor, los toros del país presentábanse en la arena humildes y obedientes, más inclinados a la "familiaridad" que a la fiereza. No más temibles parecieron los toros cubanos que se lidiaron en el 93. A las cuatro corridas hízose necesario clausurar la plaza, y, sentando un precedente único en el mundo hispánico, instalóse en ella un inofensivo carrousel.  ("El Buscapié", San Juan, P. R., 28 de diciembre de 1893; San Juan Ciudad Murada/ Adolfo de Hostos).

La calle San Agustín

Para permitir la lotificación y los accesos a los nuevos solares se trazó una calle paralela al sur de la carretera central y para conectar ambas vías se trazaron varias calles perpendiculares. En 1888 la vecindad hace un pedido al ayuntamiento para que en honor al Santo Patrono San Agustín se le pusiera dicho nombre a la primera calle del barrio.(Sepúlveda) En 1896 se impone un arbitrio para construcción de aceras en Puerta de Tierra y la Marina. El terreno de la calle fue afirmado luego de haberse instalado el alcantarillado en el 1907 y en el 1908 se proveyó de alumbrado eléctrico. (Tesauro de datos históricos de Puerto Rico, Tomo IV Página 447).

Escuelas elementales españolas

En 1897 se instituyeron dos escuelas de estudios primarios en el barrio. Una escuela elemental de Primera Clase para 65 alumnos, del profesor Pedro J. Mascaró y una escuela elemental de niñas para 9 alumnas, de la profesora Faustina R. González.

Comienzan los arrabales

 Ya para el 1895 se habían trazado calles y muchos ranchones poblaban el sector. Mucha gente que trabajaba en el viejo San Juan tenía alojamiento mas barato en Puerta de Tierra. Hacia 1897 la ribera de Puerta de Tierra sobre la bahía fue considerablemente ensanchada, gracias a las obras del dragado del puerto, convirtiéndose en rectas, trozos de la accidentada orilla de manglares que fueron ganados al mar. Se construyó la Plaza de la Lealtad en el extremo del Paseo de Covadonga. Muchos bohíos fueron apareciendo y un sector, en el mangle al sur de la segunda línea de defensa, se empezó a llamar "Sal Si Puedes". Cuando la expropiación rural se intensificó en las primeras décadas del siglo 20 y la ciudad se convirtió en un imán para los desplazados, los mangles de Puerta de Tierra como el sector intramuros de La Perla, constituyeron los espacios inevitables de ocupación. Fue entonces que se generaron procesos de marginalización y criminalización que decretaron sobre el barrio el estigma del arrabal.

El barrio fue devastado en el 1899 por el huracán San Ciriaco, de categoría 5. El más terrible que cuenta la historia. 3,369 personas perdieron la vida en todo Puerto Rico. Para el 1911 el Padre Juan Lynch, llegado de Mayagüez, aprovechó para visitar las familias y tomar un censo. El contó unas 13,000 personas. Mucha gente venía del campo para trabajar en los muelles de San Juan y para el enrollado del tabaco. Es difícil hablar de casas ya que algunos cuartuchos erigidos eran mas bien cajones. Y como casi todo el terreno útil le pertenecía a los militares, se construía en los manglares que rodeaban el sector. El hedor y la suciedad eran indescriptibles. La prostitución también se regaba por el barrio. De las crónicas de los padres redentoristas emerge la imagen de un barrio obrero que enfrentó unas condiciones de vida muy difíciles. Los padres y madres del barrio contemplaron como sus hijos nacían para enfrentar epidemias, enfermedades recurrentes y muertes prematuras. El analfabetismo, el hambre, la pobreza rampante y la marginación social emarcaban la vida de los residentes del barrio. Tanto Lynch como su sucesor el padre Hoff y los redentoristas dividieron sus iniciativas entre sus prédicas religiosas y sus esfuerzos por aliviar la difícil existencia de los habitantes de los sectores bajos de Puerta de Tierra. (Padres Redentoristas, Crónicas de la Parroquia de San Agustín en Puerta de Tierra).

El cambio de régimen

La firma del Tratado de París puso fin a la guerra que libraban Estados Unidos y España. El 18 de octubre de 1898, fecha señalada para la toma de posesión de San Juan, y muy de mañana, desembarcaron las compañías A, B, E, G, J, K, L y M del 11º regimiento de infantería y además su Plana Mayor y banda, todos al mando del coronel J. D. De Russy, quien después asumió las funciones de comandante militar de la plaza; esta fuerza, sin entrar en la población, siguió a Puerta de Tierra, alojándose en los cuartelillos conocidos con el nombre de barracones. (Crónica de la Guerra Hispanoamericana en Puerto Rico, Ángel Rivero Méndez) Entre 1898 y 1900 la isla estaría bajo un gobierno militar a cargo sucesivamente de John R. Brooke, Guy V. Henry y George W. Davis. Las Órdenes Generales emitidas a juicio de los militares serían los decretos que marcarían nuevas pautas de control político y administrativo. Con el cambio de régimen se disolvió la Diputación y el Parlamento Insular, instituciones distintivas del régimen hispano, y se emprendió una agresiva política de americanización. El nuevo gobierno se dio a la tarea de ampliar la educación pública instaurando el inglés como idioma oficial. Se registrarían cambios en las políticas de higiene dirigidas a mejorar las condiciones de salud de los puertorriqueños.

Barriada Miranda

Para 1903, en una parcela suya al sur de la vía del ferrocarril, un promotor de apellido Gestera subdividió solares a lo largo de una calle. El emplazamiento originario de este proyecto fue trazado en el extremo de la propiedad más alejado de la vía y más cerca del manglar. Estos terrenos colindaban con los de Aniceto Miranda. Ambos territorios  se fusionaron luego, formándose la Barriada Riera Miranda, un arrabal de grandes dimensiones.

Primer edificio institucional

Desde los primeros años del siglo, las sucesivas administraciones norteamericanas habían visualizado la entrada de San Juan por la antigua Puerta de Santiago - conocida también como la Puerta de Tierra - como el lugar para demostrar la idea del civismo y su paradigma de democracia y libertad. Algunos comentaristas llamaron a esta avenida la "Broadway de Puerto Rico", no solamente por su anchura, ya que la Carretera Central se había realineado en 1908, si no también por el número de edificaciones culturales e institucionales. Los solares que resultaron de la demolición de las murallas eran los mas apreciados. En 1907, Luis Muñoz Rivera sugirió que el Capitolio se construyera en el solar contiguo al Teatro Municipal -hoy Teatro Tapia -, pero el Comisionado de Instrucción convenció al Consejo Ejecutivo que era mejor construir la escuela número 1, la José Julián Acosta, en ese mismo lugar.  En 1907 se edifica la Escuela Elemental José Julián Acosta.  Con esta primera construcción es que se comienzan los edificios institucionales en dicha carretera de oeste a este.
(Ilusión de Francia: Arquitectura y Afrancesamiento en Puerto Rico, AACUPR. )

El cine Tres Banderas es establecido por los señores Manuel Portell y Miguel García el 19 de marzo de 1910, en una carpa al frente de donde hoy está el Centro de Recepciones Oficiales del Gobierno. (Antiguo Casino de Puerto Rico).  (
Adolfo de Hostos). Bajo esta carpa se proyectaban las primeras películas distribuidas en Puerto Rico por Rafael Colorado D´Assoy. Le dieron el nombre Tres Banderas porque tenía tres banderas ondeando sobre la carpa: la puertorriqueña, la cubana y la española. Más adelante sus dueños mudaron el cine a La Marina en San Juan.   (Nacimiento del Cine Puertorriqueño/ Juan Ortiz Jiménez).
Fue tan grande la demanda de películas para este cine y otros que establecieron mas tarde, que Colorado decidió producirlas el mismo. La mayoría de las cintas que realizó fueron documentales: El 4 de julio, Baile de bomba en Cangrejos, Botadura del Josefina, Labor Day y Llegada del Gobernador Colton a Puerto Rico. La producción local comenzó en 1912 con Un drama en Puerto Rico, la primera película de argumento hecha en la isla. (Garcia, Kino. Breve historia del cine puertorriqueño)

Las iglesias protestantes

Con el decreto de libertad de culto llegarían a la isla las iglesias históricas protestantes quebrando la hegemonía arraigada del catolicismo. En Puerta de Tierra se construyeron las iglesias protestantes Iglesia Metodista, Iglesia Bautista (1910) y la Iglesia Luterana (1916).

Protestantismo, americanización y modernización eran sinónimos, tanto para los misioneros estadounidenses, como para la inmensa mayoría de sus conversos puertorriqueños. Las acciones concertadas de las distintas congregaciones procuraron participar en los primeros esfuerzos de americanización, bajo la convicción de que, así, la isla superaba los lastres del colonialismo español. Según su ideología, se visualizaba a Estados Unidos como una nación elegida y favorecida por Dios, muy en sintonía con las ideas del Destino Manifiesto. La protestantización se definió como una condición indispensable para la americanización de los puertorriqueños, tanto por los misioneros como por las autoridades metropolitanas (militares y políticas), que la consideraron indispensable para afincar la dominación de Estados Unidos en Puerto Rico. Éstas depositaron su confianza en los misioneros (junto al sistema de educación pública que comenzaron a expandir y fortalecer) como agentes para la americanización de los puertorriqueños.

Doce días antes de la invasión, siete denominaciones protestantes se reunieron en Nueva York para discutir el futuro de los territorios que se pensaba invadir. Más tarde, acordarán dividirse el territorio de la isla para su evangelización, de modo que no compitieran entre sí.

Los misioneros estadounidenses sembraron la semilla que germinó en el temprano desarrollo de un ministerio puertorriqueño, aunque moldeado de acuerdo a sus ideas e intereses; lo que no impidió que, gradualmente, el "establishment" protestante que contribuyeron a levantar en Puerto Rico, se fuera puertorriqueñizando, y que sus iglesias y sus ministros comenzaran hablar con voz propia. (Protestantismo y política en Puerto Rico 1898-1930. Samuel Silva Gotay)

Durante el verano de 1912 la plaga bubónica azotó el barrio. La peste bubónica que mejor se manejó en el mundo fue en Puerto Rico. Las autoridades sanitarias la controlaron en 92 días: un récord mundial en 1912.  El éxito fue atribuido a la nueva legislación sanitaria y a la pronta acción tomada por el Consejo de Salud, lo mismo que por todas las agencias federales, insulares y municipales. El Servicio Federal de Salud representó un papel clave en el control de la epidemia, y doctores de la Marina de los Estados Unidos fueron enviados a Puerto Rico para aconsejar y ayudar a las autoridades locales.

El Padre John Lynch, de la iglesia católica, llegó a escribir un panfleto muy interesante sobre la necesidad de una buena educación católica. Durante el mes de marzo de 1913 con el apoyo de varios legisladores promovió una ley para proveerle a los Padres Redentoristas un terreno para construir una escuela en el barrio  de Puerta de Tierra. El 26 de marzo de 1913 se pasó la ley que le transfirió un solar de 4,400 metros a los Redentoristas con tal de que construyeran una escuela industrial y la operaran por un mínimo de 15 años sin cobrar nada a los niños que a ella asistieran. El 23 de abril de 1913 el Superior provincial le comunicó a las comunidades redentoristas que se aceptaba la Parroquia de San Agustín como un acto de reparación y para el mayor provecho espiritual de la provincia.