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Por Malén Rojas Daporta
Johnny Torres, el jovencito de 17 años que ganó un premio en las Ferias Científicas escolares con la fabricación de un cohete "interespacial" en miniatura, resultó seriamente quemado en la cara, y afectada su vista, con una explosión el domingo 3 de mayo.
Dice Johnny, a quien visitamos ayer en su hogar de Puerta de Tierra, que él estaba en el "Cuarto que le ha separado su madre para los experimentos, preparando nitroglicerina para luego mezclarla con algodón, pólvora y gelatina.
"Quería hacer un combustible llamado cordita, que llevará mi cohete hasta la parada 24, según cálculos matemáticos que él había hecho", comenta el joven.
Como se le había roto el termómetro para medir la temperatura de los ingredientes, Johnny lo preparaba a ojo y tacto, y estos le fallaron. Le estalló la mezcla quemándole completamente la cara y parte del cuero cabelludo.
"El doctor dice que milagrosamente no quedó ciego", dice la mamá, doña Polonia Rivera. "Los ojos se le llenaron de ácido, pero no le afectó la niña de ningún ojo".
El oculista, dice la señora, le recetó unas gotas "qué recogieron todo el ácido hacia una orilla de los ojos, y luego se lo sacaron".
Relata que ése día á las 11 ella estaba preparando el almuerzo cuando de momento, en el cuarto en que trabaja el muchacho sonó una explosión "como cuando estalla un cohete".
Corrió allí y encontró a su hijo en el suelo, donde había sido lanzado por la explosión. Inmediatamente su mamá, que vive con ella, llamó un taxi y llevaron a Johnny al Hospital Municipal. Allí fue atendido inmediatamente.
SEGUIRÁ PRUEBAS
Pero este fracaso en la preparación de un combustible "20 veces más potente que la pólvora", según lo describe el joven, no va a terminar sus experimentos. Es verdad que ahora casi no puede abrir los ojos
—porque la luz le molesta demasiado por más débil que sea — y que tiene la cara toda cubierta de una costra-de quemadura, pero seguirá experimentando.
"Imagínese, que cuando lo traímos del hospital, la abuela, (Continúa en la Pag. 12 Col. 4)
(Continuación de la Pág. 1) que es loca con él, le dijo que le prometiera que ya no haría más experimentos. Y él le contestó: 'Lo siento abuela, pero eso no puedo prometerlo..' , declara la madre de Johnny.
El muchacho comenta que las cosas más sencillas fallan. "Eso que yo estaba haciendo es una cosa muy simple, y fíjese lo que pasó. Sin embargo, en ocasiones anteriores he preparado cosas como para volar a medio mundo, y me han salido bien"
Después de la fotografía se sentía "como si le hubieran entrado alfileres en los ojos", por más que el fotógrafo Teodoro Torres trató de desviar el fogonazo necesario para tomar la foto de Johnny en el oscuro cuartucho donde hace sus peligrosas preparaciones químicas.
"No podemos poner bombilla desde la explosión comenta doña Polonia", "porque parece que se dañó la instalación allí"
DE TRES PISOS
Johnny y su familia viven en el piso bajo de un edificio de tres plantas en la calle San Agustín, en Puerta de Tierra en cada una de las cuales hay por lo menos cuatro familias. Sin embargo, ni la madre del muchacho ni los
vecinos dicen tener miedo a las explosiones.
"Este muchacho es muy
inteligente, y a lo mejor es un Einstein puertorriqueño del futuro”, comentó un vecino cuando
salíamos de visitar a Johnny. "Es una pena que no tenga ayuda”. Johnñy Torres se gradúa de cuarto afio a fines de este mes en la escuda Barbosa, dé Puerta de Tierra. Pero no se preocupa porque las quemaduras lo hagan parecer más
feo en la graduación. A él lo único que le inte resa es seguir experimentando.
Además de intereses científicos él los tiene deportivos.
Dice que tiene récords de 1OO metros, 200 metros y salto con pértiga en las justas escolares de
pista y campo.
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