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Noticias del 1956

 
   

marzo
Juan A. Rosado obtiene premio en Barcelona.

 


Concurso Internacional. 
JUAN ANTONIO ROSADO
Pintor Puetorriqueño, obtiene primer premio como paisajista en la Tercera Bienal Hispanoamericana de arte en Barcelona

31 de marzo de 1956
Felipe N. Arana / El Mundo



La semana pasada llegó hasta nosotros la noticia de que el pintor puertorriqueño Juan Antonio Rosado, andaba por los campos de Montiel de la indiferencia neoyorquina. Como nuestro fino compatriota no es boxeador, ni jugador de béisbol, ni líder político, llegó sin hacer ruido. En vez de golpes en la quijada, toletazos de cuatro bases o palabras estridentes, Rosado hace obra con el silencio del pincel que tan elocuentemente ha sabido hablar en la isla y fuera de ella de la cultura ascendente de Puerto Rico.

Nosotros nos informamos por conducto del amigo Roberto Bertieaux. Y fuimos detrás del pintor que se hospedaba en casa del periodista Tony Dáviu. Allá llegamos Salimos del ascensor. Hicimos chillar el timbre y al momento se abrieron las puertse y los corazones de la familia de Tony Dávila. íbamos unos cuantos: el músico Bertieaux. su esposay su hija Esther Eugenia, la precoz acordeonista, el poeta César A. Portala y este humilde cronista.

En la sala había holgorio. Una cantina hogareña con su tentación de botellas y sobre el mostrador, golosinas propias de la tertulia donde brilla la amistad más pura. Fuimos presentados a la familia y a los demás visitantes. Y fue así que estrechamos la mano maestra de Juan Antonio Rosado.

Este pintor nuestro, sencillo, fino de cuerpo y de espíritu, de pocas palabras como todo artista sincero, nos dio algunos datos sobre su laboriosa vida. Da gusto hablar con.estas personas., aromosas a decencia, que jamás siembran enconos entre las gentes. "Y pensar que algunos maliÍtencionados se han quedado mellados a fuerza de tirar mordiscos a los espíritus elevados! ¡Expatriados de la urbanidad que tienen que ir por la sociedad con la dentadura y la sinceridad postizas! ; Cosas de la vida!. 

Juan Antonio Rosado,nació en Toa Alta, Puerto Rico hace unos 63 años. Fue a vivir a San Juan cuando tenia siete. Allí estudió la instrucción primaria en la Escuela Lincoln y en la Central Grammar. En la Central High School de Santurce hizo la enseñanza superior.

Estudió arte con don Fernando tenía ya 26 años de edad. De muchacho, claro, ya hacía trazos que ser vían de vereda a su vocación. Se dio a su arte en cuerpo y alma. Luchó con los inconvenientes y con las auras tiñosas de la envidia. Pero su mozo entusiasmo por el arte fue arrollando obstáculos y abriendo brecha. Su afán de separación le mantenía la mente clara y una mano hábil. La bondad de su espíritu iba destilándose en sus obras. Por esto son de calidad.

Entre sus cuadros palpita el cariño hondo que tiene a su tierra. Son muchos los amaneceres que ha esperado Rosado junto a la canción sin edad de las quebradas, bajo el ala inquieta del bambuzal puertorriqueño, para llevar al lienzo el paisaje tropical del terruño nativo. Lo han saludado los pájaros cuando la luz prístina pone un beso de oro sobre los labios aguzados de los cerros isleños. Porque para satisfacer su corazón de borincano el pintor cuando se ha internado en el corazón de su tierra para beber inspiración.

Ha cosechado muchos triunfos este laborioso compatriota. En la Tercera Benial Hispanoamericana de Arte, en Barcelona, España, obtuvo el galardón del primer premio como paisajista con un cuadro tropical. En el jurado había miembros del Museo del Prado y del Museo de Arte de Barcelona. El premio fue adjudicado por unanimidad.

El Obispado de Puerto Rico le otorgó otro primer premio al cuadro de la Virgen de Fátima. A este concurso concurrió el pintor español Cristóbal Ruiz.
Actualmente don Vicente Maura, presidente de las Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico, organiza una exposición de cuadros para llevarla por todos Ios pueblos de la isla y dar a conocer en esta forma a nuestros valores. Porque no debe limitarse esta oportunidad a las grandes ciudades. La gente humilde y sencilla de los pueblos pequeños tiene también el derecho a saber quiénes son los hombres que elevan el nombre de la patria con su talento y su ' perseverancia.

En esta exhibición ambulante Rosado lleva cuatro cuadros: Uno hecho al natural en el cual un campesino puertorriqueño carga un paquete de cañas de azúcar en la cabeza. Otro del Libertador Bolívar en su caballo. Un tercero que intitula "Serenata en el Batey*', representando tres jíbaros con guitarra guicharo y cuatro, tocando junto a la ventana de la novia campesina, y el último que llama "Cañas y Pinas", en el cual un campesino lleva del brazo una canasta de piñas y pedazos de caña de acucar.

También tiene otro cuadro que llama "Decepción". Representa una joven muchacha vestida de negro, con la cabeza recostada sobre los brazos, sufriendo una honda pena.

Juan Antonio Rosado, contrajo matrimonio con María Ortensia Rodríguez, hija del pueblo de Lares, pueblo que dio a la historia patria aquel puntero de libertad que se llamó Manolo el Leñero. Las nupcias fueron en 1922. De este feliz matrimonio nacieron diez hijos: 7 mujeres y tres varones. Hay un hijo que lleva el mismo nombre de su padre, Juan Antonio, que es un gran compositor. Actualmente estudia música en la Universidad Autónoma de México. Lleva ya siete años de es tudios y terminará su carrera el año ; entrante. Otra hija del pintor, María Ortensia, es una afamada diseñadora de trajes. 
Y aun a sus 63 años de edad nos dice el pintor Rosado: "Lucho constantemente porque todas mis obras sean de calidad. Así le doy gusto a mi conciencia artística y lustre al nombre de Puerto Rico". 

¡Ah, Juan Antonio Rosado, si todos los puertorriqueños ¡pensáramos con ese espíritu cumbroso, con ese anhelo patriótico de hacer obra por mezquina jornalaría, ni absurda vanidad! Si nos preocupáramos más por la fuerza emotiva y por el valor íntimo de nuestro trabajo artístico, qué felices seríamos en nuestra modestia! La tuya, compatriota y amigo, es un espejo en el cual debieran mirarse los que dan más importancia al vestido que envuelve su cuerpo que a las prendas morales del alma. Pero, la vida es así: no pueden volar alto los que llevan la canta de la mediocridad. Para ti, pintor Rosado, y para los que como tú tienen alas, están reservadas la gloria y la inmortalidad.
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