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Por Emma Miranda
Después de cincuenta años de arduo servicio en pro de la niñez puertorriqueña, el Hogar Infantil Marcóla Fernández Náter cerró sus puertas oficialmente según lo anunció públicamente durante un almuerzo efectuado el pasado sábado en el hotel San Jerónimo Hilton.
Como expresara su presidenta actual, señora Noemí Sánchez de Castrillo, "las puertas del Hogar se cierran hoy porque hemos encontrado, tras un largo estudio y gran consideración, que no hay necesidad de permanecer abiertos. Entregamos esta obra a las demás Instituciones benéficas al servicio de nuestra juventud".
Ahondando en este mismo pensar, la secretaria de dicha institución, señora María P. Vázquez, expuso a la concurrencia, miembros destacados de las diversas Instituciones infantiles de la Isla, que "en vista de que hay hoy día un gran número do kindergartens, hogares maternales y centros de cuidado diurno en el Area Metropolitana, la Junta directiva del Hogar Infantil Marcóla Fernández Náter acortó cerrar sus puertas en lugar de incurrir en nuevos gastos para la remodelación del Hogar.
Esta institución, que es la precursora de los hogares maternales, es la primera en clausurarse porque ha completado su misión. Nunca antes se había dado el caso de que una institución de esta índole deje de existir porque ya ha cumplido su comedido. Y esto es algo extraordinario.
Satisfacción
La nota característica durante el acto de clausura fue la enorme satisfacción latente en todos los rostros de las personas que conocieron la buena obra del Hogar.
Una de estas personas, la señora María de Pérez Almiroty, presidenta honoraria de dicha institución, expresó conmovida "que aunque el Hogar cierre sus puertas, el nombre de Marcóla Fernández Náter no debe olvidarse jamás. Ella dio todo lo que tenía para esos niños; fue más que una directora, fue una madre para todos ellos".
Durante el almuerzo se le hizo reconocimiento público al señor don Rodolfo Bernard y su esposa doña Margot, quienes durante muchos años colaboraron incansablemente con los niños del Hogar.
Fue don Rodolfo Bernard quien expresó el sentimiento general de los invitados, diciendo: "Este no es un acto de dolor sino de satisfacción; satisfacción porque ya hemos terminado nuestra obra."
Donativos
Estuvieron en la ocasión todas las instituciones infantiles benéficas del Area Metropolitana, y todas ellas recibieron donativos, tanto en efectivo, como enseres eléctricos que ya no tienen uso en el desaparecido Hogar. Eran ellos, a saber; la señorita Sally Olsen, por el
Rose of Sharon Home, quien recibió todo el equipo de lavandería; Juan Rafael Wise, por el Hogar del Niño; señora de Freitas, por el Deborah Home; el señor Walter Rivera Díaz, por la Asociación Pro Retardados Mentales; la señora Isabel de Atiles Moreu, por la Asociación Pro Niños y Adultos Lisiados; la señora Natalia Pérez Stigers, por el Pueblo del Niño; el reverendo padre Enrique Méndez, por la Escuela Vocacional de San Juan Bosco; la señora Dolores M. de Piñero, por la Casa de Salud Rosario Belber; la señora de Luis A. Rivera, por el Colegio San José de la Montaña; la Sociedad de Amigos de los Ciegos; y el Hospital del Niño, al cual se le equiparon cuatro habitaciones completas.
Una de las salas de dicho hospital llevará el nombre Marcóla Fernández Náter, en memoria a esta institución.
Merece la pena apuntar, aunque parezca un poco tarde, el origen y la labor del Hogar Infantil Marcóla Fernández Náter.
Hace 50 Años
Fundado en el año 1915, ocupó un ranchón de madera en lo que es hoy el Parque Muñoz Rivera, mudándose luego, con la ayuda de donativos, a un local donado por el Municipio de San Juan detrás de la Colectiva, en Puerta dé Tierra, donde estuvo hasta hoy. Su origen se debe a una observación que hiciera el doctor Manuel Fernández Náter, médico de Beneficiencia, a su esposa doña Marcóla, y a un grupo de damas de San Juan, sobre los cuadros tan tristes que él se tropezaba al visitar el barrio de Puerta de Tierra, y encontrar a los niños amarrados de las patas de mesas, sillas y camas porque sus madres trabajaban en La Colectiva y no tenían quien se los cuidara.
Este grupo de damas, reunido en la residencia de los esposos Schluter-Cámara, acordó establecer un hogar que sería el albergue de la infancia pobre durante el día, donde estos niños, en vez de quedarse solos y huérfanos del cuidado materno, recibirían atención y cariño.
La señora Marcóla Fernández Náter. quien fuera la quinta presidenta de dicha sociedad, dirigió la misma por treinta años, hasta su fallecimiento en 1955, y según la opinión general, "fue ella el alma de esta Institución."
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