Hay quienes recuerdan a Juan A. Rosado como bohemio, excéntrico pintor y poeta. Otros evocan al artesano de hermosas carrozas y al artífice del arte comercial. Fue tutor de pintores, amigo de actores, de músicos y cantantes, un ser de arraigadas cualidades humanas. Vivió del 1891 al 1962, la mayor parte de su vida en Puerta de Tierra. Su taller, un ateneo de la época, generaba una constante actividad creadora, desde los años 20 hasta el 1962.
Antonio (Tony) Maldonado, Rafael Tufiño y Carlos Raquel Rivera han reconocido el valor de la obra de Rosado y han dicho que él “debería de figurar, en absoluta paridad de excelencia artística junto a Ramón Frade y Miguel Pou". Maldonado, Tufiño y Carlos Raquel, formados artísticamente bajo la tutela de Rosado, consideran que "el aprendizaje y la experiencia que adquirieron de él fueron fundamental y decisiva en el proceso de sus respectivas formaciones”. También pasaron por el taller de Rosado, Epifanio Irizarry y David Goitía e igualmente aprendieron del maestro.
Juan A. Rosado participó en dos certámenes de pintura en el extranjero. Obtuvo el primer premio en la Tercera Bienal Hispanoamericana de Arte en Barcelona, en 1956 y una medalla de honor en Rockefeller Center de Nueva York. El Instituto de Cultura Puertorriqueña ha rescatado a este pintor del olvido para presentar una restrospectiva de su obra a partir del 25 de enero en la sala de exposiciones del Convento de los Dominicos, en el Viejo San Juan. Un total de 32 cuadros extarán expuestos hasta el 31 de julio provenientes de coleccionistas privados, de la Universidad de Puerto Rico y del ICP. No obstante, muchas de sus obras, entre paisajes, retratos y desnudos, se encuentran extraviadas.
El organizador de la muestra, Jorge Rosado, señaló que a Juan A. Rosado se le conoce por sus carrozas y sus rótulos y no por su obra pictórica. “El propósito de la exposición es resaltar la obra pictórica de Rosado, ubicada dentro de la historia de la pintura puertorriqueña.
Si la dejan, Carmen Heroína Rosado, una de las hijas, pintaría todo lo que encuentra a su paso. “A mi me tocaba la pega cuando papá hacía las carrozas y pintaba los rótulos de las guaguas, (las de la White Star Lines) Papá era el único que hacía carrozas y tenia el único taller y galería de pintura en aquel tiempo. Hacia de todo. Era hasta escultor". Su padre, señaló, promovía las bellas artes en San Juan porque todavía no existía el Instituto de Cultura. El taller era frecuentado entre tos artistas de la época, por Ríos Rey, Homar, Sureda y Miguel Pou. Hasta su muerte, Rosado nunca dejó de trabajar ni en lo comercial ni en lo artístico.
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Los hijos (tuvo 17 en total, de tres matrimonios) aprendieron el oficio de Rosado, a llenar letras de los rótulos comerciales, a pintar las guaguas, a trabajar las carrozas y llegaron a ser sus ayudantes. Todos los varones pintan. Uno de los hijos, Bolívar, heredó el taller del padre, que todavía ubica en Puerta de Tierra. Otro hijo, Juan Antonio Rosado, pianista, es Sub Director de la Escuela Nacional de Música de México, hacia donde partió hace 31 años con metas de estudio, al igual que hicieron Tony Maldonado y Rafael Tufiño. Cielo Rosado de Paoli es la conocida actriz de teatro y utilera.
Se ha dicho que Rosado fue uno de los pioneros del desarrollo del cartel en Puerto Rico y era el único calígrafo en sus tiempos. Produjo los carteles del Carnaval Juan Ponce de León, de obras de teatro y de películas comerciales.
Pintó los murales del salón comedor del restaurante La Mallorquína, en el Viejo San Juan, los del Hospital Auxilio Mutuo. Por otro lado, uno de sus murales se conserva en un bar propiedad de Juan Camacho, en la Avenida Fernández Juncos. Entre las figuras conocidas que pintó figuran Enamorado Cuesta, el gobernador Jesús T. Piñeiro, Felisa Rincón, Gilberto Concepción de Gracia, al maestro Jesús María Sanromá y a Augusto Cohen. Así como también hizo retratos de Winston Churchill, Theodoro Roosevelt.
El hogar de Juan A. Rosado, quedaba adyacente al Teatro Eureka de Puerta de Tierra, convertido hoy día en la Funeraria San Agustín. Como la sala de cine no contaba con camerinos, los artistas: los bufos cubanos, cantantes y rumberos de la época que presentaban espectáculos allí, se cambiaban en casa de Rosado.
Artistas internacionales como Cantinflas, Pedro Vargas, Libertad Lamarque, Tin Tán, Fernandito y Mapi Cortés, visitaron el taHer de Rosado. Pintó a Cantinflas y a los demás les obsequió un paisaje. Entre los boricuas concurrieron allí Juan Boria, Graciela Rivera, (a quien pintó) Kachiro Figueroa, Rafael Hernández, Myrta Sylva, entre otros.
Elisa recuerda las excentricidades de su padre; el día que metió un caballo en la casa, en medio de la sala durante dos semanas que le sirviera de modelo al que iba a hacer en madera y papier maché. Otra vez hizo una piscina de lata para meter un carey al que pintó un flamboyán en el casco. Los hijos no sabían para quien era el excéntrico trabajo. “Mi padre fumaba mucho, soñaba, se enamoraba y tomaba café negro", comentó Elisa. Leía mucho y tocaba piano y mandolina.
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La directora de la División de Artes Plásticas del ICP. Annie Santiago, aseveró: "Rosado usaba su técnica para expresiones artísticas y como forma de ganarse el sustento. Tenía una manera vital de enfrentar la vida, cómo acogía a todos. Era un hombre del Renacimiento que lo hacía todo, exploraba todo. Esa vitalidad es lo que para mi es lo más admirable en Rosado. Pintaba rótulos con el gusto del que sabe hacer las cosas bien. Aún esos rótulos eran artísticos y estéticamente bien concebidos".