El Ateneo ¿universidad o trinchera? Parte II


lunes, 28 de noviembre de 2011
Adolfo Méndez Ríos/El Vocero

En mi columna anterior sobre el Ateneo Puertorriqueño, publicada en EL VOCERO el pasado 7 de noviembre, hice un breve recuento del trasfondo histórico de dicha institución y resalté su misión educativa. Al mismo tiempo, expresé mi preocupación ante la posibilidad de que el Ateneo, bajo la actual dirección ejecutiva de la institución, se esté desviando de los propósitos originales que propiciaron su fundación en el año 1876.

Por considerarlo de un gran interés público, y dadas las reacciones y expresiones que surgieron a raíz de mi escrito anterior, me veo forzado a escribir nuevamente sobre el tema en lo que viene a ser la Parte II de mi columna original. Es evidente que mi primera columna colocó al Ateneo ante el ojo público y obligó a sus directores a celebrar una reunión de emergencia donde, por más de tres horas, el temna de la noche giró en torno a lo expresado por mi en EL VOCERO.

Hasta el propio candidato a la gobernación por el Partido Popular Democrático (PPD), Alejandro García Padilla, se personó al Ateneo pocos días después, para celebrar una reunión con uno de los directores de la institución, Roberto Ramos Perca. ¿De qué hablaron? Solo ellos lo saben. Se podría especular que el candidato del PPD le pudo haber ofrecido villas y castillas al Ateneo para continuar con su campaña de clientelismo político con miras a alcanzar la gobernación. También, cabe la posibilidad que García Padilla le expresara a Ramos Perea su agradecimiento por los contínuos ataques de este último a la administración del gobernador Luis G. Fortuno.
Lo cierto es que al Ateneo le han salido varios defensores que, ajenos a lo que está ocurriendo en el seno de la institución, han hecho expresiones a favor de la entidad y de la asignación de $500 mil. Algunos de ellos se han excedido en su defensa y han tildado al gobierno de enemigo de las instituciones culturales en el País. Lo que estas personas ignoran es que en el año fiscal 2008-2009, bajo la gobernación de Aníbal Acevedo Vilá, el gobierno se tardó seis meses en asignar los fondos al Ateneo Puertorriqueño y nadie dijo nada, ni nadie insinuó que el gobierno de Acevedo Vilá estuviese atentando en contra de dicha institución o de la cultura puertorriqueña. En el caso de la actual administración, todavía no se han cumplido cinco meses y las expresiones en contra del gobierno se han dejado sentir desde todas las trincheras interesadas en hacer daño al Gobernador y proyectarlo ante la opinión pública como enemigo de la cultura puertorriqueña. 
El gobernador Fortuno -quien siempre se ha caracterizado por ser una persona tolerante y cordial en el trato con sectores opositores-ha dejado claramente establecido que la política de su gobierno no es quitar los fondos al Ateneo, ni a ninguna otra institución cultural. La elegancia del Gobernador no es capaz de reconocerla una persona como Roberto Ramos Perea, quien mantiene un programa radial en el cual ataca de manera irrespetuosa a todo el que difiera de su ideología política, a la vez que deja entrever sus consabidos complejos nacionalistas en contra de todo lo que se vincule a los Estados Unidos. Este señor aspira a presidir el Ateneo Puertorriqueño para "encender la revolución cultural en nuestra isla", según él mismo ha expresado.

La Junta Directiva del Ateneo se encuentra dividida actualmente en dos grupos. Hay un bando que se ha mantenido fiel a su anterior presidente, el licenciado Eduardo Morales Coil, persona moderada que supo por muchos años encaminar y proyectar los asuntos del Ateneo dentro de los parámetros que establecen sus propios reglamentos y estatutos. El otro grupo lo comanda el actual presidente de la institución, doctor José Milton Soltero Ramírez, quien -se alega- nombró en la Junta, en forma ilegal y contrario a los reglamentos, a varias personas, entre ellas a Roberto Ramos Perea, quien -por su acostumbrada personalidad virulenta-ejerce un control de los asuntos de la institución, aun por encima de los designios del actual presidente y de los miembros déla Junta Directiva. Se supone que en la composición de los directores se establezca un balance ideológico, en el cual participen las tres fórmulas políticas reconocidas. El doctor José Milton Soltero rompió esa tradición y nombró por sus pantalones, y sin que mediara el quorum estatutario de directores electos por el reglamento, a varias personas a la medida ideológica de Soltero y de Ramos Perea. De hecho, el propio reglamento de la institución, imposibilita a Ramos Perea a ser miembro de la directiva por razón de que percibe un salario como empleado de la institución. Lo anterior significa que todas las decisiones de dicha Junta en las que ha votado Ramos Perea, son nulas.

Lo antes expresado confirma el hecho que los asuntos en el Ateneo no marchan bien y que la institución no se está ajustando a sus propios requerimientos reglamentarios por lo que su actual directiva no tiene fuerza moral para reclamar nada al gobierno. De hecho, todavía no está claro si ios actuales directores han sometido los informes que se supone que por ley rindan al Departamento de Hacienda para los años fiscales 2009-2010 y 2010-2011. Se asegura que bajo la presidencia de Moral» Coll dichos informes se rindieron a satisfacción de las autoridades gubernamentales. La realidad es que si eí Ateneo no ha sometido dichos informes, en violación ala misma ley que asigna el donativo de ios $500 mil, no tiene ninguna fuerza moral para atacar al gobierno.

Por otro lado, la imprudencia de Ramos Perea en reunirse con García Padilla en medio de toda esta turbulencia institucional, pone en entredicho la objetividad política de la actual junta de Directores y levanta dudas sobre las razones que pudieran existir detrás de los ataques al gobierno de Luis G. Fortuno. 
Se nos ha dicho que el propio Eduardo Morales Coll, ha estado disponible para mediar ante el gobierno y gestionar el donativo del Ateneo, pero le ha advertido al actual presidente, doctor Soltero, que primero es imperativo limpiar la imagen del Ateneo para poder regresar a lo que fue la institución hasta hace poco menos de un año. También es esencial asegurar que ninguno de los fondos del Ateneo Puertorriqueño se utilice para adelantar ni atacar, directa o indirectamente, a determinada ideología política, ni a determinado candidato a cargo público. Tampoco se deben utilizar los recursos de la institución para celebrar congresos con fines revolucionarios como el que está en agenda para principios del año próximo bajo los auspicios del Ateneo Puertorriqueño. 
Como podemos apreciar, amigos lectores, los problemas del Ateneo se los han buscado sus propios directores por no hacer las cosas como lo establecen los reglamentos y estatutos de la propia institución. La actual situación del Ateneo no es culpa del Gobernador. Este ha reiterado su disposición para asignar el dinero al Ateneo, pero la institución tiene que cumplir con la parte que le corresponde como lo dispone la ley.