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De la realidad a la ficción: Félix Benítez Rexach

El Nuevo Día
29 de junio de 2025
Carmen Dolores Hernández

Si alguna figura histórica puertorriqueña resulta novelable es la del ingeniero Félix Benítez Rexach. Un hombre cuya vida y ejecutorias han dado pie a incontables cuentos, equívocos, chismes, leyendas urbanas y mitos. Su figura sobresalió en los círculos políticos, sociales e industriales del Puerto Rico convulso de los años 30, dejando una estela que llega hasta nuestros días.

Nacido en Vieques, heredero de un apellido notable, se hizo de una gran fortuna. Hombre de mundo, viajó extensamente por Europa (admiraba particularmente a Francia, sintiéndose afín por su trasfondo viequense) y en su porte y modales adquirió el savoir faire de quienes pertenecen a esa nacionalidad. Don Félix Benítez Rexach era elegante, extravagante y transgresor.

Convirtió el Escambrón Beach Club, que era de su propiedad, en un centro social de atractivo inigualable para la sociedad puertorriqueña de los 30. Al construir luego el hotel Normandie, lo convirtió en un icono arquitectónico de gran valor que imitaba en su forma las del famoso trasatlántico francés del mismo nombre, en cuyo viaje inicial de 1935 fue pasajero don Félix con su segunda esposa, Moineau. Apodada por todos "la móme Moineau" ("el gorrioncito"), Lucienne d'Hotelle era una cantante itinerante francesa cuyas costumbres extremadamente libres escandalizaron a la pacata sociedad boricua del momento (en torno a ella nacieron mitos que aún perduran: que si se bañaba desnuda en la piscina del Normandie, que si se rodeaba de jóvenes efebos de dudosa sexualidad, que si recibía desnuda a los amigos de su marido, que si sus joyas eran de valor inapreciable...).

Las convicciones políticas de don Félix también fueron tema de debate: amigo de Pedro Albizu Campos, lo fue asimismo de Franklin Delano Roosevelt y de Francis Riggs, jefe de la Policía insular durante los 30. Se codeaba con congresistas estadounidenses y con los gobernadores que el imperio nos enviaba. Sus gracias sociales y sus habilidades diplomáticas lograron que tanto los grandes de la tierra como la sociedad criolla le perdonaran -tildándolo de excéntrico- muchas de sus empresas más osadas. Entre ellas estuvieron sus actividades en la República Dominicana, en donde -a petición del dictador Trujillo-construyó el puerto de la ciudad capital, nombrada entonces Ciudad Trujillo.

No había escasez de material novelable en esta vida excepcional.

Roxana Matienzo Carrión ha construido -con discreción y tino- en "A bordo del Normandie" una novela ambientada mayormente en los años 30 del pasado siglo, que en Puerto Rico (y el mundo) no escasearon en sucesos dramáticos y violentos. Logra transmitir el talante de aquellos tiempos y la complejidad del personaje principal: imperioso, apasionado por su trabajo como ingeniero; arrogante y orgulloso de su fama y posición prominente en la sociedad. Resalta también su narcisismo y su afán de sobresalir, además de su carencia absoluta de amor paterno hacia sus hijos y su familia de origen. No soslaya siquiera su oportunismo en los tratos con el dictador dominicano ni sus manejos financieros algo de impuestos. Destaca también su amor indulgente por su excéntrica segunda esposa (la consideraba suerte), a quien cubrió de joyas y premio con casas palaciegas.

Todo ello lo dosifica mediante una estructura compleja, creando un personaje, Raimunda Benítez Roses, pariente de don Félix, que da su versión de los hechos a la vez que intercala un hilo narrativo alterno, el de su propia vida y caída del magnate, enlazando ambas historias. Alude además, eventos que afectaban por entonces a Estados Unidos y al mundo que -al final de los 30 entraría en la II Guerra Mundial. Da cuenta asimismo de los efectos de todo ello sobre un Puerto Rico convulso. Se presenta asi un amplio panorama narrativo que combina lo familiar e íntimo con lo nacional e internacional durante una época singular del siglo recién pasado.

Entre los personajes se incluyen no solo los históricos, sino también otros ficcionales, como el misterioso ayudante Hertel, que aparece y desaparece de la trama; la tía Gladiola, entrometida y chismosa, y la propia Raimunda, que va entendiendo el complejo mundo en el que vive, según se desarrolla su vida fuera de Puerto Rico.

La novela capta la atención de los lectores con su tema y su estructura. Tendríamos que señalar, sin embargo, ciertas inexactitudes histórica, dado que los eventos reales deben reflejarse con la mayor fidelidad posible. Hemingway no escribió una novela titulada "The Lost Generation"; tampoco el guión de "Bride of Frankenstein". No fue Lina Wertmuller quien dirigió la película sobre los Juegos Olímpicos de 1936 sino Leni Riefenstahl, cineasta allegada a Hitler, ni Juan Ramón Jiménez llegó a Puerto Rico antes del año 50. María Bibiana Benítez (1783-1873), la primera poeta conocida de Puerto Rico, tampoco era hermana de María Javiera Benítez (1896-1990), aunque pertenecían a la misma familia extendida.

De todas maneras, hechas tales salvedades, habría que celebrar el hecho de que el carismático, contrtradictorio y legendario Félix Benítez Rexach encontró -¡porfín!-su novela.