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2028: ¿Convergencia entre soberanistas y autonomistas? El clima político en Washington es propicio para comenzar a explorar la posibilidad de una concertación estratégica entre soberanistas y autonomistas, escribe Rafael Cox Alomar evodia.com El Nuevo Día Martes 22 de julio de 2025 Rafael Cox Alomar ![]() Un día como hoy nació el Partido Popular. Inscrito en Luquillo y Barranquitas el 22 de julio de 1938, la colectividad surgió de una agria pugna política a lo interno de las fuerzas liberales de entonces. El trágico rompimiento entre Luis Muñoz Marín y su protector Antonio R. Barceló fue el detonante que provocó aquel cisma. Desde el momento mismo de su nacimiento el Partido Popular cargó consigo (como el Partido Unión décadas antes) el germen de la división ideológica entre soberanistas y autonomistas. Llama poderosamente la atención que los líderes más prominentes del partido que entonces surgía eran soberanistas. Ahí los casos del propio Luis Muñoz Marín quien para aquella época era independentista y no se cansaba de repetir que la autonomía era la colonia con cadena más larga; de Samuel R. Quiñones, que en 1925 fue electo secretario general del Partido Nacionalista; de Ernesto Ramos Antonini, quien fue el abogado de los nacionalistas injustamente arrestados luego de la masacre de Ponce (21 de marzo de 1937); de Francisco M. Susoni, quien con Muñoz y Quiñones seleccionó el nombre e insignia del Partido Popular y que en 1948 figuró como el primer candidato a la gobernación del recién fundado Partido Independentista; de Vicente Géigel Polanco, autor de la antología de ensayos titulada “La farsa del Estado Libre Asociado” e inclusive de Rafael Arjona Siaca, consuegro de Muñoz, quien en 1948 fue el primer candidato a comisionado residente del Partido Independentista. A propósito del octogésimo séptimo aniversario de la Pava y en vista de la peligrosa hegemonía electoral que el PNP ha logrado urdir más recientemente, el momento es propicio para explorar las siguientes interrogantes: ¿Será posible trabar una convergencia entre soberanistas y autonomistas de cara al 2028? ¿Será posible la cohabitación entre unos y otros sobre la base de una concertación estratégica? ¿Y en qué consiste la división entre ambos bandos? Los soberanistas son partidarios de una relación con los Estados Unidos fuera de la Cláusula Territorial de la Constitución federal, donde Puerto Rico advenga a los poderes políticos sobre las variables económicas que inciden en su vida para desde ahí potenciar su regeneración y autosuficiencia. Los autonomistas se aferran a la búsqueda de una solución dentro de la Cláusula Territorial y, por consiguiente, sujeta a la camisa de fuerza que presuponen los poderes plenarios que el Congreso en virtud de ella ejerce sobre nosotros. Los soberanistas abrazan la libre asociación como la herramienta con la cual acceder a esos poderes políticos, particularmente a raíz de las más recientes decisiones del Tribunal Supremo federal (Sánchez Valle, Franklin Trust y Vaello Madero) que dejaron al desnudo la naturaleza colonial del Estado Libre Asociado. Los autonomistas insisten en el modelo del Estado Libre Asociado actual, que es el de un territorio no incorporado con cierto grado de autoridad sobre algunos de sus asuntos internos, pero sin personalidad internacional e invariablemente bajo la bota del Congreso. No obstante, el clima político en Washington es propicio para comenzar a explorar la posibilidad de una concertación estratégica entre soberanistas y autonomistas. Hoy que la estadidad está muerta en Washington, en donde por primera vez desde tiempos de Barry Goldwater la anexión quedó fuera de la plataforma republicana; hoy cuando las ramas políticas en Washington, con el respaldo del Tribunal Supremo, se abrazan a un nuevo federalismo incompatible con la estadidad; cuando desde Washington, Bruselas, Londres, Berlín, París y Copenhagen se exploran distintas variantes autonómicas en los contextos de Groenlandia, el Sahara Occidental, el Caribe británico, el Pacífico francés e inclusive las provincias orientales de Ucrania se impone la obligación histórica de trabar o, cuando menos, intentar una concertación estratégica entre soberanistas y autonomistas. Y es que para ambos bandos, la opción política (en palabras del intelectual francés Raymond Aron) “no es entre el bien y el mal, sino entre lo preferible y lo detestable”. Y lo detestable es que los trumpistas del patio continúen amarrados al poder haciendo de Puerto Rico un gueto pobre, despoblado y ninguneado en medio del Caribe. Converger, aglutinar, escuchar, dialogar, tender puentes, conciliar, pactar. Ahí la ruta del porvenir. |