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Johnny Torres Rivera El Parque Luis Muñoz Rivera, situado en Puerta de Tierra, justo en la entrada a la isleta de San Juan es el más histórico de los parques administrados por la Compañía de Parques Nacionales. Lleva el nombre de uno de los más ilustres próceres puertorriqueños. Ocupa una extensión de 27 cuerdas. Su origen data del 1918 según la trascripción del siguiente documento:
Luego de la Guerra Hispanoamericana de 1898 y mediante la firma
del Tratado de París, los terrenos localizados en Puerta de
Tierra fueron transferidos por la Corona Española al gobierno de
los Estados Unidos y en 1918, pasaron al Municipio de San Juan.
El Parque cuenta actualmente con una extensión de 27 cuerdas,
aunque en sus orígenes estaban también integrados al área los
terrenos del actual Parque del Tercer Milenio. El deceso de Luis Muñoz Rivera en el año 1917, motivó a que el 20 de septiembre del mismo año, el senador Don Mariano Abril presentara en una asamblea extraordinaria de la Legislatura un proyecto de ley para establecer un parque urbano en San Juan, al cual se le pondría el nombre del prócer. Aunque ese proyecto fue convertido en ley por el gobernador Arthur Yager, su implantación no fue posible hasta 1926. En 1926 el gobierno asignó fondos considerables para el diseño y construcción del Parque Luis Muñoz Rivera que se ubicaría en los antiguos terrenos que ocuparan las ferias insulares, al norte de la avenida Ponce de León y frente al antiguo Hospital Municipal. En ese año, se iniciaron los trabajos de construcción. Francisco Valines Cofresí fue nombrado primer arquitecto a cargo del Parque Luis Muñoz Rivera. Dedicó el resto de su vida profesional desarrollando el esquema del parque que la firma de consultores Bennett, Parsons, and Frost había realizado en el 1924. La construcción del parque finalizó en 1932.
Originalmente, se plantó una variedad de
árboles de caoba, de úcar y de Este parque sería el primero de gran
escala en San Juan. El diseño propuso la alineación de una nueva
avenida este-oeste al norte del parque. Esta nueva vía se
extendió posteriormente a lo largo de toda la isleta y se nombró
avenida Luis Muñoz Rivera. En el año 2003 el arquitecto Andrés Mignucci Giannoni estuvo a cargo de los proyectos para continuar desarrollando el parque.
En la rehabilitación del parque el Gobierno invirtió $12.2 millones.
Como parte del proyecto de revitalización del Parque -diseñado
por el arquitecto Andrés Mignucci- se sembraron más de 200
árboles y se construyó una fuente lineal en la cual se pueden
apreciar fragmentos del poema Paréntesis de don Luis Muñoz
Rivera. Los trabajos incluyeron el cambio de luminarias, la construcción de una subestación eléctrica, una fuente lineal de granito y una obra de arte llamada "Torre Mural", de la artista puertorriqueña Susana Espinoza. Otros arreglos notables son la instalación de mosaicos artísticos, cuatro fuentes ornamentales, veredas pavimentadas y áreas de juego para niños con suelo de goma para evitar accidentes.
Además se sembraron 2,300 plantas y flores ornamentales, y se restauró la estructura de El Polvorín, que data del 1769.
Cerca de El Polvorín, el parque contó hasta mediados del siglo XX con un centro de diversiones. Tenía un restaurante con barra, pista de baile y un local de juegos mecánicos de entretenimiento. Hacia el Norte quedaba el área de juegos para niños, con columpios, chorreras, sube-y-baja, y estructuras para gimnasia. Hacia el sur encontrábamos el local para diversión de "los carritos locos". Estos eran unos pequeños autos movidos por energía eléctrica. El piso era metálico y servía como polo negativo. De la parte posterior de los carritos se extendía hacia arriba una vara flexible que hacía contacto con una malla metálica colocada en el techo. Éste era el polo positivo. Resultaba impresionante observar las chispas que producían los arcos eléctricos en las ruedas de acero y el contacto en el techo. (J. Torres) Al lado del área de diversiones para
niños había una gran fuente de agua de forma circular y poca
profundidad. Durante los fines de semana los chiquitines la
utilizaban como piscina.
El seis de enero de 1952 escenificó lo que fue catalogado como
el Simulacro Mayor, la Alcaldesa de la Capital, doña Felisa
Rincón de Gautier, hizo traer, por avión, desde los Estados
Unidos, un cargamento de nieve que, expuesta en el Parque Luis
Muñoz Rivera, brindó a una muchedumbre alucinada el efímero
placer de tocarla, comerla, de entrarse a pelotazos con ella, de
fabricar, incluso, un muñeco patético que muy pronto vino a dar
en lodo. Esta "nevada", que sirvió de espectacular preámbulo a
la inminente Constitución del Estado Libre Asociado, de alguna
manera pretendía anunciar las bondades venideras por la
ratificación de nuestra dependencia del Norte. Después de todo,
conforme al corazón de la Alcaldesa, nosotros los niños curtidos
del trópico también teníamos derecho a la blanca Navidad de
nuestros conciudadanos metropolitanos.
Además de contribuir al mejoramiento del
ambiente natural en un área de desarrollo urbano intenso, el
Parque Luis Muñoz Rivera ofrece a sus visitantes diversas
alternativas para la recreación y el esparcimiento. A los
adultos les ofrece un extraordinario espacio para caminar, para
la contemplación de la naturaleza con su exuberante vegetación, hermosos y extensos jardines, aceras espaciosas,
quioscos, y fuentes para relajarse;
ademas de bancos donde descansar y disfrutar de un día apacible. Para los
niños, un área segura con estructuras interesantes y divertidas
para jugar. Este es el gran parque urbano de nuestra memoria colectiva. Su sitial no ha podido ser desplazado por las nuevas formas de entretenimiento que existen al margen de la sociedad civil. El parque vive de nuevas generaciones y de los que con nostalgia ven en él
un pedazo de ellos mismos.
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