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Johnny Torres Rivera
Los canales o "caños" de San Antonio y de Martín Peña, la entrada del
primero de los cuales estaba situada en la ensenada hoy llamada del Condado, fueron los primeros grandes obstáculos con que se enfrentaron los caparrences al intentar
trasladar su villa a la Isleta. Luego de vadearlos, empezaron a llamarlos "pasos", según consta en el plano de 1519.
Este puente comenzó como una calzada en pedraplén para cuya construcción se utilizó la mano de obra de indios
encomendados a los monjes de la orden de San Jerónimo entre el 1520 y
1521. Durante los primeros años el vado mas próximo a la Isleta, ya mejorado por las carretadas de piedra derramadas allí, permitía el paso a caballo,
excepto en su parte mas honda, viéndose obligados los transeúntes a vadearlo a nado cuando la marea estaba alta. Algunas personas y bestias perecieron en el intento.
La calzada dejaba un paso para el agua, sobre el cual luego se colocó un
puentecillo en madera.
Accediendo a la solicitud hecha por los vecinos de la ciudad, el rey autorizó al Cabildo, en 1551, a invertir el sobrante de los fondos destinados a edificar la Fortaleza, en las obras necesarias para conducir el agua
que provenía de un manantial localizado cerca de la hoy Calle Salvá al
norte de Miramar, sobre el terraplén. Los terrenos eran propiedad de Don Miguel de Aguilar y Castilla,
por lo cual al ojo de agua se le conocía como la Fuente de Aguilar.
La fuente de Aguilar era el único lugar de abastecimiento de agua potable, con excepción de algunos
aljibes. El
gobernador Bahamonde Lugo, en 1558, hizo dar principio a la obra de colocar las canales sobre el puente para conducir el agua de la fuente de Aguilar. Desde entonces comenzó a llamársele el Puente del Agua. Estos trabajos se suspendieron por falta de fondos.
De acuerdo con la cédula de 1568, el primer puente, es decir, la primera estructura que permitió el paso
sin interrupción de una orilla a otra, se construyó sobre el caño de San Antonio entre los años 1551 y 1568.
En el extremo sur de la calzada norte, junto a la estructura de madera,
una gran puerta se había construido con una casa de guardia colindante.
Una guarnición, con piezas de artillería, fue permanentemente destacada
allí para defender el puente en el extremo oriental de la isla. Ya para
1571, López de Velasco aseguraba que el puente era de madera y piedra
«como de dos tiros de ballesta de largo» En 1582 la Memoria de Melgarejo
lo califica de "calzada", razón por la cual creemos que en esa época el
"puente" todavía consistía del terraplén original, varias veces reparado
y mejorado, y del tramo de madera sobre la parte mas profunda.
Ya en 1586, un fortín
triangular y un par de murallas de 20 pies de largo protegían la puerta.
Como resultado, el puente también se le conoció por el nombre de Puente
de los Soldados. La puerta se cerraba durante la noche. En 1587, el
fortín a que nos referimos, situado como a 20 pasos de la puerta del
puente, hacia la ciudad, fue construido por Menéndez Valdés, pintándolo
de colorado, razón por la cual Layfield lo llamó el «fuerte rojo».
Plantáronse en él dos falcones pedreros y dos piezas de hierro colado de
8 y 9 quintales, respectivamente, que barrían la calzada. El cabo de
guardia tenía en su poder la llave de la puerta. Se exigía a los vecinos
un permiso escrito, expedido por el gobernador, para poder transitar por
el puente. El fortín, llamado baluarte por Menéndez de Valdés, servía
también, por medio de tres troneras dispuestas con este fin, para
defender el Boquerón o la pequeña abertura entre las rocas que
comunicaba la ensenada del Condado con el mar. (Adolfo de Hostos)
El 22 de Noviembre de 1595 se presentó frente á la capital el célebre
Drake con 23 barcos y una carabela latina. Drake mandó a quemar los
barcos españoles que cercaban el paso hacia la bahía. La estrategia
resultó en un tremendo error. El fuego de las embarcaciones alumbró el
escenario de la batalla, lo cual permitió a los artilleros de El Morro
disparar a las naves inglesas, destrozando diez de ellas. Finalmente y
luego de varios intentos, comprendió pronto que no podía ganar la
plaza, defendida por su guarnición y por las fuerzas auxiliares de los
Generales Don Sancho Pardo y Don Pedro Tello, y resolvió partir. Drake
abandonó las aguas puertorriqueñas el 3 de diciembre de 1595. Los
resultados negativos de la incursión enardecieron el ánimo de la reina
Isabel I de Inglaterra, quien tres años después para vengar tal desaire
organizó y armó una nueva flota, al mando de Cumberland. Cuando Sir George Clifford, Conde de Cumberland atacó la ciudad en 1598, encontró al Puente del Agua preparado para la defensa, según apunta
John Layfield, el capellán y cronista de esta memorable expedición. El paso sobre dicho puente, dice, podía ser cerrado por una pesada puerta, fuertemente construida, provista de un póstico
que permitía el tránsito de uno en fila. La gran puerta encajaba en una
abertura amurallada almenada construida a la entrada del puente, del
lado de la isleta. El tablero o piso estaba cortado en dos sitios.
Defendía su acceso por la Isleta un fortín artillado, con guarnición de
cinco soldados españoles. Había también hasta seis piezas de artillería
para detener la entrada del enemigo.
El 16 de junio de 1598, Clifford desembarcó por el actual Condado y trató de llegar a San Juan, pero los españoles habían volado el
Puente del Agua en San Antonio y se retiraron hacia el baluarte de Boquerón.
Los británicos asaltaron en la tarde del 17 de junio. Su ejército de
1.700 hombres sobrepasaba por mucho la pequeña banda que protegía el
puente. Pero, con la ayuda de cinco cañones de la Batería de Boquerón,
que protegía tanto al puente como a la isleta, los piqueteros españoles
sostuvieron este punto crucial tras dos horas de duro combate. Tratando de llegar al caño de San Antonio, Clifford, quien por poco muere ahogado,
fue rescatado por sus hombres. Los ingleses se retiraron al darse cuenta de que sus bajas eran muchas. La primera batalla resultó en victoria para los españoles.
El puente estaba defendido por un pequeño grupo de puertorriqueños
dirigidos por el capitán de milicias Bernabé de Serralta. Lo defendieron
con gran heroísmo pero al final todos murieron. La ciudad fue capturada por los ingleses
y ocupada. Más tarde tuvieron que abandonarla por una epidemia de
disentería que se desató entre las tropas inglesas.
No obstante Clifford pactó un rescate
de la ciudad con los vecinos. Exigió grandes cantidades de productos
nativos: azúcar, jengibre y cueros. Tomó dos naves en los muelles,
ochenta cañones, saqueó los hogares y se llevó el órgano, las campanas de la
catedral y de otras iglesias.
Al reconstruirlo el gobernador Gabriel de Roxas Paramo (1608-1613) hizo hacer de piedra,
excepto por un tramo desmontable en madera,
dejándolo como lo encontraron los holandeses unos años mas tarde. En
1660 se terminó todo en piedra. En esta versión, el extremo
correspondiente a la isleta estaba integrado al Fortín San Antonio,
parecido al San Jerónimo pero de menor escala. Para el 1681, se
reforzaron y reconstruyeron el puente y el fuerte de San Antonio,
añadiéndole un nuevo puente levadizo. San Antonio y San Jerónimo
estaban protegidos de ataques terrestres por fosos.
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Puente y fortín San Antonio. C.1885 |
En 1776 el jefe de Ingenieros Tomás O'Daly reconstruyó el puente y amplió el bastión que lo protegía. El 24 de abril de 1797 la artillería del ejército inglés comandado por Ralph Abercromby abrió fuego contra los fortines Escambrón, San Jerónimo y San Antonio. El Fortín de San Antonio quedó
prácticamente destruido. Sin embargo las fuerzas inglesas no lograron cruzar el puente gracias a la fiera resistencia del Capitán Ignacio Mascaró y sus hombres, parapetados tras sacos de arena colocados detrás de las ruinas del fortín.
Después de haber sido casi destruido el Puente de los Soldados, como se llamaba entonces, por el fuego de la artillería inglesa, en 1797, fue reparado a principios del siglo 19, durante la administración del general Ramón de
Castro, dándole más espesor a sus muros, aumentándole una tronera y construyendo una batería de seis cañones frente al Rodeo (Miramar), y a la izquierda de la gola otra de cuatro piezas para
defender el Condado.
Por real orden número 384, de 1890, se aprobó el proyecto para substituir el entonces existente, con modificaciones en ella propuestas, a un costo de 38,504 pesos. En 1894 se levantó en su lugar una nueva estructura, diseñada por el ingeniero Joaquín Gisbert. El Puente de San Antonio, erigido por el ingeniero Enrique Bartrina, tenia tramos de acceso de arcos de
fábrica y al centro cuatro tramos metálicos sobre pilas de piedra que totalizaban 55.5 metros de longitud total con siete metros de ancho. A ambos lados tenía andenes de hierro
para los peatones. Uno de los tramos de hierro era desmontable para permitir una mejor defensa de la capital y la bahía en caso de ataque militar. El fortín, sin embargo, fue eliminado en 1897, aunque todavía quedan troneras y una garita junto al estribo norte del puente actual.
El 2 de agosto de 1898, durante la invasión norteamericana y mientras la flota naval bloqueaba la entrada de la Bahía de San Juan, las autoridades españolas procedieron a destruir tramos del puente San Antonio. Las tropas invasoras lograron pasar el puente colocando troncos de madera.
En 1927 y siendo gobernador el Hon. Horace Mann Towner, se terminó la construcción de un puente tipo monumental, de cuatro
carriles, diseñado arquitectónicamente por Rafael Carmoega y levantado a un costo de $201,014,
ubicado en el kilómetro 3.4 de la Carretera Núm. 25 (Avenida Ponce de León), entre Santurce
y la isleta de San Juan. El sistema estructural del puente, a base de vigas madrinas con pilastras y tablero en hormigón, estaba disimulado por arcadas decorativas, reflejando la forma del vecino puente paralelo que se había terminado dos años antes. La pavimentación original consistía de lozas de asfalto. Los masivos y decorados pilares de esquina que marcan las entradas al puente, los faroles decorativos, las balaustradas y hasta las placas conmemorativas destacan la monumentalidad del que habría de ser el puente principal de Puerto Rico en términos populares, acceso a la capital y volumen de tráfico. El ingeniero estructural fue Rafael Nones, y el contratista Felix Benítez Rexach.
La superintendencia del Departamento de Obras Públicas estaba a cargo de
Don Armando Vivoni. El puente fue nombrado Guillermo Estéves en honor a quien para entonces
ocupaba el puesto de Comisionado del Interior.
La rampa de acceso por el lado oeste fue reparada y ensanchada en el 1933 a un costo de $4,746.25.
En septiembre del 2002 comenzó la construcción de un nuevo puente a un costo de $12.7 millones. El
nuevo puente Guillermo Estéves fue inaugurado el 9 de octubre del 2005. Cuenta con cinco carriles, un paseo para bicicletas, aceras y balcones que dan a la bahía.
Ref.
Adolfo de Hostos
Historia de San Juan, Ciudad Murada
Luis F. Pumarada O´Neill
Los Puentes Históricos de Puerto Rico,
UPR 1991
Ricardo Alegría-editor, 1988
Temas de la Historia de Puerto Rico
Los Fuertes del Viejo San Juan
Servicio Nacional de Parques, Departamento del Interior de los Estados
Unidos Washington D.C.
The Historic American Engineering Record (HAER)/ Library of Congress
Puente
Guillermo Esteves, Spanning San Antonio Channel
CAMINOS,
CARRETERAS Y PUENTES EN PUERTO RICO ENTRE 1506 Y 1898
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