Escuelas - Superación

Historias de sacrificio, superación y solidaridad

Por Mariela Quiñones Díaz

Para María García Rodríguez, en la foto con su hijo en los predios de la universidad, lo más importante para una persona superarse es "tener las ganas de ser alguien".
[Fotos por Ricardo Alcaraz]

El mundo está lleno de estereotipos, de creencias o etiquetas que las personas le ponen a otras basándose en su origen nacional, raza, lugar de residencia u ocupación. Algunas personas que han sido etiquetadas con esos estereotipos negativos, en ciertos momentos, han tenido que enfrentarlos. A veces el estereotipo anula a la persona y la confina a confirmar ese estereotipo; en otras ocasiones superarlo se convierte en el motor que guía sus pasos.
Existen casos de superación de universitarios que viven en residenciales públicos y estudian carreras profesionales, de madres solteras que trabajan, estudian y atienden a sus hijos, de personas de escasos recursos que tienen dos trabajos para darle una mejor educación a sus hijos... Algunas personas que han llegado a la meta o que están a punto de lograrlo se sienten orgullosos de sus esfuerzos y promulgan que no hay impedimento para alcanzar sus objetivos. Otros, temerosos de los estereotipos y del rechazo, ocultan información sobre su vida y sus esfuerzos.

LA RECOMPENSA TRAS EL SACRIFICIO

María García Rodríguez se levanta de lunes a viernes a las cuatro y media cada mañana, para llevar a su hijo de 3 años a la escuela e ir a trabajar. Su trabajo comienza a las 7:00 a.m. y termina a las 4:00 p.m., a esta hora busca a su hijo en la escuela y lo lleva inmediatamente a un cuido porque a las 5:30 p.m. entra a su primera clase en la universidad. Llega a su casa, alrededor de las diez de la noche para hacer las asignaciones con su hijo. Su día termina aproximadamente a las doce de la media noche.

La joven madre, de 23 años, dice que lo más importante para una persona superarse es "tener las ganas de ser alguien. Siempre quise estudiar y ayudar a las personas, pero no sabía cómo hacerlo".

García Rodríguez, quien es estudiante de Relaciones Laborales en la Universidad de Puerto Rico (UPR), Recinto de Río Piedras, explicó que estudia por su hijo, para que él se sienta orgulloso de ella. La joven desea demostrarle a su hijo que "todo lo que uno se propone en la vida, se puede alcanzar".

La joven, quien vivió toda su vida en un residencial público hasta principios de este año cuando se mudó, asegura que le dice a todas las personas su procedencia, para que se den cuenta que no todo el que vive en un residencial es un adicto o vago, sino que muchos progresan. "Nadie se deja llevar por nadie, cada persona es independiente y toma sus propias decisiones", comentó la joven sobre la idea de que muchas personas le echan la culpa de lo negativo al residencial público.

María desea recomendarle a las personas que siempre que se tracen una meta sean responsables y acepten los retos; que aunque será difícil, se puede. María asegura que "aquel que tiene el deseo de progresar lo puede lograr".

La joven, recalcó que es importante tener confianza en sí mismo, y recomendó que cuando se tiene el tiempo muy comprometido, la persona debe llevar una agenda, en la cual se planifique lo que se va hacer diariamente. Luego debe seguir su itinerario fielmente, porque sino no se podrá tener un balance en las tres áreas: la familia, los estudios y el trabajo.

Otro consejo que brindó la joven, quien cursa su segundo año en la UPR, es que si algún día la persona se siente deprimida se debe arreglar y vestirse mejor que nunca. "Así los demás te dicen '¡qué bien te ves hoy!' y eso te anima", explicó. Propone además que la persona debe tomarse un día, o por lo menos una hora al día, para estar consigo misma y complacerse.

PRESIÓN DEL ENTORNO SOCIAL

Los estilos de vida en un residencial público usualmente se perpetúan debido a que algunas familias viven durante generaciones en los mismos entornos residenciales, asegura la trabajadora social de la sección 3-105 del Residencial Manuel A. Pérez, al intentar contestar por qué algunas personas deciden superase y otras no.

María Mercedes Rodríguez Rosario entiende que otro factor precipitante es la presión de grupos, porque influye en que algunos jóvenes quieran estudiar y otros no.

"Hay mucha presión de grupo negativa; lamentablemente, en la comunidad del residencial público existe... no porque la comunidad sea negativa, sino porque hay un grupo que influye en la comunidad", expresó Rodríguez Rosario.

A la edad de 15 años, el adolescente, según la trabajadora social, decide qué va a hacer y a dónde se va a dirigir. Algunos jóvenes deciden continuar estudios universitarios, porque desean salir del medio ambiente en que viven y otros desean continuar la vida que llevan sus mayores.

El factor más importante para que una persona se supere es la familia. Según la trabajadora social "la familia es la que da forma al individuo y le va a enseñar los valores". Por tanto, si la familia no influye positivamente en sus miembros, hay una alta probabilidad de que el individuo no se desarrolle favorablemente.

Para Rodríguez Rosario la autoestima de la persona no es más importante que la familia porque "ésta (la autoestima) se crea de lo que los demás creen que tú eres".
La trabajadora social recalcó que el siempre decirle a alguien que es un vago influye directamente en el subconsciente de la persona, que se queda con ello, y la idea le trabaja en la mente, provocando que actúe de esa forma.

Por último, Rodríguez Rosario invitó a que las personas que deseen superarse "abran su boca y pidan ayuda". Les sugiere que busquen ayuda en la administración de su comunidad, a las Oficinas de Asuntos de la Juventud (OAJ) y las oficinas gubernamentales que tienen programas para cada tipo de caso.

LUCHANDO DESDE LA SOMBRA

Camille Rodríguez (nombre ficticio) es una joven que vive en el residencial público San Agustín en Puerta de Tierra en San Juan. La joven, que estudia en la UPR de Río Piedras, no le gusta decir que es de un residencial público, porque las personas pueden pensar que es vaga sin conocerla. "No es que lo niegue, pero no se lo digo a todos".

La joven, de 23 años, que estudia relaciones públicas y publicidad, explica que "es una realidad que muchas personas ponen estereotipos o barreras, porque uno es de un caserío, por eso prefiero que las personas me conozcan y si luego les tengo que decir que soy de un caserío, lo hago".

Las personas del residencial en el que vive están muy orgullosas de ella y la apoyan, al igual que su madre, quien no puede ayudarla económicamente. Por ello Camille trabaja ocho horas diarias.

La universitaria Camille siempre quiso estudiar una carrera profesional desde pequeña, mantuvo un promedio de A y así logró ingresar a la universidad. Para la joven, que se gradúa en mayo, lo más difícil ha sido el no poderle brindar todo el tiempo necesario a sus estudios y el tener que esforzarse el doble para cumplir con los mismos requisitos de graduación que un estudiante que tiene todo el tiempo disponible sólo para estudiar.

LA SICOLOGÍA OPINA

Wanda Pagán

Wanda Pagán, psicóloga del Departamento de Consejería para el Desarrollo Estudiantil (CODE), expresa que no todas las personas se superan porque existen dos tipos: la persona débil y la fuerte.

La persona débil es aquella que se deja llevar por lo que dicen las demás personas y por lo que ven en su medio ambiente, mientras que la persona fuerte es la que busca alternativas para salir adelante. "La persona que no se conforma con ser como los demás, es aquella que se supera", expresó la psicóloga.

La participación de una persona en la sociedad es influenciada por el medio ambiente en que la rodea, aseguró Pagán, pero más aún es influenciado por la actitud que la persona asuma ante los problemas.

Las emociones son parte de nuestro ser y están para servirnos, por lo que sentir temor es casi intuitivo y normal. Pagán, que está próxima a terminar su doctorado, lo explica con los niños: "los niños nacen con dos temores que son intuitivos: el miedo a los ruidos y a caerse, (pero) todos los demás temores son aprendidos".

Lo importante de las emociones es cómo el ser humano las maneje, aseguró Pagán. Para la sicóloga, el coraje tiene dos formas de utilizarse, la positiva y la negativa. La positiva es la que las personas usan para salir adelante, luchar y esforzarse, y la negativa se ve en las personas que se quejan continuamente, sin hacer nada para salir de su problema. El coraje positivo impulsa a la persona a superarse, mientras que el negativo la limita. Las personas "deben aprender a convertir el coraje en emoción, en el motor para salir de donde uno desee (de los problemas)", comenta la psicóloga.

Para Pagán los problemas son "partos", porque aunque son dolorosos, siempre hay una solución tras el sufrimiento. En momentos de crisis no se deben tomar decisiones, al menos eso opina la psicóloga, debido a que las emociones son las que deciden y no la razón del ser humano. "Si yo dejo que mis emociones, mis impulsos, decidan por mí, no estoy utilizando mi capacidad de análisis", añadió.

Pagán, explicó que para aprender a luchar con lo que cada persona tenga a su alcance, "es importante que las personas se pregunten ¿qué yo hago con lo que tengo?". El primer paso para una persona que desee tener éxito es "empezar por analizar y conocer su potencial, sus habilidades". Luego la persona debe trazarse una meta y trabajar en ella. La meta que se debe plantear la persona, debe ser diaria.

Pagán es una de las sicólogas de CODE, dependencia del Decanato de Estudiantes de la UPR en Río Piedras cuya responsabilidad es ofrecer servicios de orientación y consejería a los estudiantes del recinto. CODE tiene nueve consejeros, tres trabajadores sociales y una psicóloga. En al año académico 2002 - 2003 atendieron a 3,763 estudiantes de 21, 666 que estudiaban en el Recinto. Los casos personales fueron de 854, de los cuales 84 casos fueron de depresión; 38, baja autoestima; y 14, por embarazos no deseados, entre otros.

LA SOLIDARIDAD: ESE ABRAZO QUE HERMANA

Ismael Rivera (nombre ficticio) es un joven de 21 años que desde el divorcio de sus padres, cuando tenía 10 años, ha enfrentado difíciles problemas económicos. En su infancia vivía en California junto a sus padres, hasta que éstos se divorciaron. Al llegar a la Isla tuvo que estudiar en un colegio bilingüe, porque no sabía hablar español. Su madre no tenía grado universitario por lo que comenzó y terminó la profesión de maestra de matemáticas. Todo ese tiempo Ismael vivió con su abuela.

Ismael, el único varón que aceptó que entre estudiantes lo entrevistara en anonimato, estudia en la UPR, Recinto Universitario de Mayagüez (RUM). El joven, que cursa su cuarto año, siempre ha buscado trabajo, pero se le ha hecho difícil conseguir. En estos momentos, luego de un año de búsqueda de empleo, trabaja como guardia de seguridad en un restaurante de comida rápida, lo que le ayuda con sus gastos de hospedaje.

Aunque sus problemas económicos parecen no tener fin, continúa estudiando ingeniería en computadoras, y desea demostrar que "no hay impedimento que te prohíba seguir tu sueño. Los problemas no detienen (a la persona), uno siempre tiene que seguir empujando", explica Ismael.

El joven recomienda a las personas que tengan el mismo problema que él que den la lucha por el todo. Ismael desea seguir estudiando para ayudar a las personas que lo han ayudado y en un futuro darles a su esposa e hijos de todo lo que necesiten.
En casos como el de Ismael, la psicóloga Wanda Pagán comentó que "el no tener recursos económicos no hace menos a la persona. La diferencia se hace con lo que uno tenga como persona".

NO SIEMPRE ES COMO LAS PERSONAS PIENSAN

Con su esfuerzo Karla Pacheco Álvarez (al centro en la foto) ha logrado refutar el menosprecio al que fue sometida por sus maestros.

Son muchos los estudiantes que han recibido el menosprecio de algún maestro en su adolescencia, y, con el tiempo, algunos de estos estudiantes les demuestran a sus primeros educadores que se equivocaron. Otros, probablemente la mayor parte, asumen como verdad absoluta lo que le dijo el educador y quedan desmotivados, algunos lo hacen para siempre.

Karla Pacheco Álvarez es una joven, de 20 años, que desde primer grado sus maestros decían que no iba a estudiar en la universidad, porque siempre estaba dormida en la clase. Su madre al recibir tantas quejas del comportamiento de su hija la hacía estudiar más de lo requerido.

Al llegar a la escuela superior los problemas continuaron y los maestros refirieron a la joven a un psicólogo por ser "antisocial". El psicólogo le dijo a la madre de Karla que su hija no era antisocial, porque "la persona antisocial es aquella que está encerrada o que no sigue los parámetros y reglas de la sociedad, sino que era una persona que sabía escoger sus amistades".

Los maestros de la escuela intermedia también le dijeron a Karla que nunca iba a llegar a ser una periodista deportivo por ser mujer. Actualmente, la joven estudia en la UPR de Río Piedras. La universitaria, que se gradúa en mayo, resaltó que ha estudiado "para llevar la contraria" a los maestros. "El que me dijeran que no, fue el pie forzado; es lo que me ayuda y me motiva a seguir adelante", expresó la joven.
En agosto de 2004, Karla comenzará su maestría en periodismo para dar un paso adicional que la acerque a su sueño: convertirse en una periodista deportivo de la cadena de deportes ESPN.

Karla recomienda a los jóvenes que han pasado por su misma situación a que "no se dejen llevar por lo que dicen (de ti), sino que te dejes llevar por lo que tú sientes".

A MODO DE CONCLUSIÓN

La psicóloga Pagán explicó que se debe mirar al pasado para no cometer los mismos errores y para que la persona se impulse a continuar sus metas.

Su recomendación coincide con las expresiones de Lawins L. Hay: "Siéntate en silencio y quietud y lleva tu atención hacia dentro. Piensa en todas las veces que te has sentido alegre y feliz, y permítete sentir de nuevo esa dicha. Visualízate en el futuro sintiendo todavía más alegría y felicidad. Constrúyete un mañana lo más sano, brillante y dichoso que puedas. Es tu vida. Vívela como realmente deseas".