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...Y el rumor subía de las más humildes capas sociales. Producíase el milagro en un barrio de extramuros. La buena nueva de extendía camino adelante. Al fin entró, semejante a un murmullo amenazador, y encontró eco en el ambiente de la ciudad incrédula...
¡Una muier del pueblo, casi una niña, dotada de no se explica qué extraño poder, hace curas y lleva a cabo operaciones quirúrgicas, con el sólo contacto de sus manos milagrosas!...
A cada paso, en todas las esquinas de las calles, se discute en voz alta lo falso o posible de tan alucinante noticia.
No; no queremos que nadie nos lo cuente. Vamos a verlo con estos ojos nuestros que ha de comerse la tierra.
***
LOS PRIMEROS PASOS.
Figuraos, en efecto, un pueblecito de casas bajas, sombrías, estrechas, un pueblecito de callejuelas torcidas y empinadas por las que discurren grupos de hombres, mujeres y niños, que comentan de un modo acalorado los cien y cien prodigios realizados en aquel elegido recinto...
La multitud presenta todos los síntomas del fanatismo. Nuestra llegada es acogida con cierto movimientos de hostilidad. Nada de crítica ni ironías. ¡Una burla puede costarnos muy cara! Explicamos el motivo de nuestra presencia allí; protestamos de nuestra misión de periodistas. A fuerza de hablar y exponer nuestros deseos, logramos, al fin, inspirar confianza...
Un guía improvisado, nos ofrece, desinteresadamente, sus servicios. Nos conduce entre empellones y luchas cuerpo a cuerpo, frente a la morada de la curandera. Mas; franquear la barrera humana que circunda aquella casa, es obra de alemanes Está allí apostado todo un pueblo de tuertos, mutilados, séres andrajosos, y también personas de buen aspecto. Allí permanecen inmóviles, amenazadores, unos murmurando preces; otros, maldiciones...
- ¿No hay otro camino?–preguntamos.
- Venga por aquí–responde el guíe.
Y tomando por asalto una parte del balcón, logramos subir a la casa. Y enseguida nos enteramos de que las puertas y ventanas están cerradas a lodo y viento, para todos los representantes de la prensa .Un poco más de esfuerzo y logramos ponernos al habla con el padre de la mujer que todo lo cura.
Es un hombrecillo de fisonomía borrosa. Nada sabe y nada dice. Sí; nos dice que no depende de él, sino de ella... Que no puede permitir se divulgue el asunto por medio de los periódicos...
- Acaso a usted le convenga que yo, sin prejuicio alguno, observe de que manera se produce...
- De ningún modo... no puede ser.
- Y, hablarla, siquiera sean cinco... diez minutos.
-Eso sí... aguarde a que llegue... está fuera, reconociendo a un enfermo.
***
PRIMERA IMPRESIÓN.
La sufrimos rozándonos con esta muchedumbre que se agita, tal que una furia desencadenada. Por la torcida callejuela avanza, con gran dificultad, un carruaje en el que viene la Milagrosa. De un salto me planto en el estribo del coche, y la invito a sacarse una fotografía. La jovencita no logra entenderme, y viva, ágil como una corza, intenta escaparse. Yo lucho por sostenerla y meto prisa al fotógrafo; entretanto la multitud forcejea por acercársenos; unos desean que la retratemos, otros que nó; y nada faltó para que me rompieran la cabeza...
Pasada la refriega, subimos a la casa, y nos encontramos frente a frente con Rosario (este es su nombre, en el mundo de los mortales). Y, efectivamente, vemos que Rosario es una indiecita de carne y hueso, muy joven, no más de dieciséis años, ha pasado por las salas de un colegio, es alegre y simpática, se expresa con mucha soltura... en fin, yo juro que no tiene ni un pelo de tonta... -¿Desea usted verme trabajar? No es cosa mía... Aguarde a que venga la Madama...
Transcurren breves minutos, y nos avisa, la señora que asiste a Rosario, que podemos pasar...
En un cuartucho obscuro y mal ventiIado, yace sobre una cama, un hombre con el cuerpo desnudo de la cintura para arriba. Rosario, sentada muy cerca del lecho. De pronto su organismo se estremece, sufre dos convulsiones: ¡Ya está entre nosotros el espíritu de Mary Soul!–y dice con voz y acento extranjero:
- Santa Alta Gracia aquí sea...
- «All right»-responden los ya iniciados...
La asistenta habla:
-Oye, Mary, aquí hay un caballero que desea ver cómo es que tú operas...
Mary responde que está bien, que va un momento a su casa a buscar su cartera e instrumentos, enseguida está de vuelta.
Rosario se despierta, y vuelve a charlar con nosotros. La asistenta nos invita a salir de la estancia; nos llamará a su debido tiempo.
- ¡Pasen ahora!
El cuarto completamente oscuro, no deja observar nada. Encienden una vela, y vemos el costado del hombre que yacía en la cama, cubierto de sangre. Las manos de Rosario exprimen una invisible herida de la que, al parecer, mana sangre y más sangre. Mary Soul, al paso que limpia con algodones la herida, coje cinco puntos, y prepara un vendaje, charla con nosotros.
– El que pueda y sea vidente que me diga si reconoce el sitio donde he cortado.
Un joven doctor que presencia con nosotros la demostración quirúrgica, pone sus dedos sobre la herida, mas, la Madama se enoja y le dice al Médico que retire de allí los dedos... Y el doctor se retira desilusionado...
El operado se levanta y se despide. En una cama contigua, hay un enfermo cuyos síntomas son los de la tisis. Mary lo ausculta, lo tienta, lo vuelve de un lado para otro, y al fin le ofrece que ha de curarlo, en menos de tres semanas. Por lo pronto le da una frotación en el pecho y lo envuelve con algodones y balletas.
Vuelve tal día, -le dice. Ten ánimo, yo te curaré. Al hombre, más muerto que vivo, se lo llevan, con mucho trabajo, sentado en un sillón. La gente comenta de como Mary (Rosario) teniendo los ojos herméticamente cerrados, ha podido, valiéndose de un cortaplumas, cortar los vendajes, con firmeza y precisión, en hacerse daño...
Vamos a ver, Mary, la digo: Yo quisiera verte operar; pero quiero ver la operación desde el mismo instante en que tu comienzas.
- ¡Cómo no!–me responde... Y deseo que saques una fotografía cuando yo esté cortando..
- ¡Encantado, Mary!... ¿Cuando será ево?
- Te avisaré.. Ven por aquí todos los días.
- ¿Palabra de honor?
- ¡Yo digo siempre la verdad!
...Y se despertó Rosario, sufriendo otro par de convulsiones.
Fuera, la multitud me aguardaba, ávida de adquirir noticias... Corría la fama de que el ser tenía mucha tranquilidad conmigo.
***
SEGUNDA JORNADA.
El fotógrafo se sitúa en el balcón; la cámara frente al ventanuco que sirve de respiradero al cuartucho de las consultas; el lente fotográfico brilla en medio de la oscuridad come un enorme ojo, puesto a observar y recojer detalles de hechos...
- ¡Santa Altagracia aquí sea !..
- ¡All right!–respondo; puesto que ya estoy iniciado...
Mary Soul me reconoce, y me saluda del modo más amable. Antes de pasar los enfermos, el sér departe, íntimamente conmigo y me cuenta sus cuitas:- «Estaba sentada en un sillón, cuando Santa Altagracia, arrebatándola de allí, se la llevó en volanda, aire arriba, hasta dejarla en un sitio donde hay muchas nubes... Fué en ese paraje donde encontró al hombrecito que la envió a cumplir esta misión humanitaria... Es un hombre así (no acierta a describirlo) un hombre que fué muy malo, y ahora paga su culpa. Este poder lo tendrá (ella, Mary) durante diez años; tiempo suficiente para curar todos los enfermos de Puerto Rico.»
(Mary, a ratos se enoja e insulta a los portorriqueños. No obstante –dice- les hará todo el bien que pueda. Nosotros, humildes profanos, no acertamos a explicar este dualismo. Tienen la palabra los señores profesores de Psicología...)
Van pasando los pacientes... Mary los llama distintamente: al que es cojo, «¡que pase el cojo¡"... al ciego «¡que pase ese que no ve!»... al paralítico... «¡que el de las piernas muertas!»... Y a todos los nombra, sin haberlos visto... Mejor dicho, sí los vé, con el poder de su doble vista, para la que son inútiles las paredes y los muros...
-¡Atiende aquí¡ - Atiendo, Mary. -¿Ves la barriga de este hombre? -La veo.
-¿Qué es esto? - Un chichón, junto al ombligo - Verás como lo desaparezco,
con sólo usar mis manos.
Las manos practican un masaje en el vientre del anciano enfermo. Y la piel se va aflojando, y el bulto desapareciendo; y ya no queda nada de aquel huevo que estos ojos vieron momentos antes...
El anciano jura que se siente bien. Y saca una moneda. Y Mary Soul se subleva: ¡Yo no quiero dinero, dáselo a un pobre!»
Ahora entra un hombre, amarillo como la cera, un ser inútil a quien traen en brazos. Mary lo reconoce y quédase un momento pensativa. De pronto le dice: -«Ah, caramba, a ti te gustaba mucho el garrotín... (Nada comprende)... «Te gustaba mucho el garrote... tú pegabas mucho cuando eras guardia... Pero no te apures yo te curaré...» Y empieza un masaje por todas las piernas, y las rodillas y los muslos... y ¿me creerán ustedes?, el hombre se puso en pié, dió dos fuertes patadas y salió andando como un general sin dificultad alguna.
(Este hecho es absolutamente cierto. El guardia de llama Juan Rodríguez, y puede vérsele a cualquier hora.)
-¡Dejen pesar a esa viejecita!
La viejecita se acomoda en una silla frente a la Madama; ésta le quita una media, y reconoce la pierna enferma. La viejecita quiere hablar, mas la Madama se opone. No quiere que le digan lo que padecen los enfermos; élla lo ve enseguida, y es la mejor prueba de que sabe lo que hace.
Este caso no ha de curarse repentinamente. Tardará, cosa de un mes. Es preciso un tratamiento. Y receta cataplasmas, fricciones con ciertas plantas de poder curativo, baños de pié, y unturas mercuriales.
La viejecita se dispone a partir, pero Mary la detiene y le dice: ¿Quién fue esa mujer con quién tuviste una gran pelea?-No, yo no... - No me lo niegues que voy a recordártelo... «Le juro que.. -Sí, fué por causa", de una camiseta y unos pantaloncillos. «Es que...» Sí...sí, te quitó tu marido y se reía de ti... y de ahí viene la causa de tu mal...
La viejecita rompe a llorar; confiesa que cuanto dice Mary es cierto; la rival
aún se ríe de élla... y todo ocurrió ¡hace treinta y cinco años!
-Mary, tú lo sabes todo...
– Todo lo sé. Y ahora mismo voy a descubrir los líos de las mujeres que están aquí estorbando.
¡Caballeros!…Quedó aquello más limpio y despejado que una plaza de toros, cuando no hay corridas...
Alabado sea Dios...
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PRUEBA DECISIVA.
Esta es la gran noche, noche de gran emoción. Mary Soul va a operar a un buen amigo del cronista. Y tanto el amigo, como Mary, como su asistenta, tienen gran empeño en que el fotógrafo de esta Revista, impresione un flash light, en el momento del milagro.
La casa del amigo del cronista, está llena de gente. Personas visibles, damas distinguidas, señoritas muy hermosas, jóvenes intelectuales, todos, todos están poseídos de una angustiosa curiosidad.
Ya está ahí Rosario. Me adelanto y la saludo: -¿Esta noche, por fin?... «Veremos qué dice la Madama...»
Los invitados se impacientan e invaden la alcoba del paciente. Hacemos uso de toda nuestra elocuencia, para convencer a las gentes de la importancia de nuestra misión...
***
Mary Soul ha llegado. Estamos solos en la alcoba ella, el paciente y este humilde servidor. Mary, apenas me ve, me tiende las manos. Yo le suplico, le ruego, me permita contemplar e impresionar en la placa, ese minuto misterioso, casi divino, en que ella realiza...
- ¡Oh, no!... No puede ser..
- Piénsalo bien, Mary; de lo que yo vea y pueda afirmar esta noche, están pendientes el pueblo, la Ciencia, el Clero, la isla toda...
– No puede ser...
– Pero, ¿cuál es la causa de tu negativa?
Mary me lleva hacia ella y me dice al oído: «| El hombre que me mandó aquí me ha prohibido que enseñe el cuchillo...»
-¡Ah!... pero, ¿es con hierro la cosa?
-Sí...
-Entonces, déjalo; me hace daño ver cortar cualquier pedazo de piltrafa.
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Ya pueden ver, lectores; me he quedado aspergés. ¿Ustedes también? Pues, consuélense. A ustedes se lo he contado yo; y a mi me ha costado aguantar mucho sol, y lo que es peor, más de cien pisotones...
JORGE ADSUAR.
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